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Mirando hacia los retos del futuro priorizando los problemas del presente

05/07/2010 in Academia,Actualidad,Desarrollo Sostenible | Comments (2)

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05.07.2010. Prof. Felipe Pérez

Pasados 10 años del nuevo milenio, las diferentes facciones políticas de los países Latinoamericanos todavía no tienen un pleno acuerdo de hacia dónde llevar a nuestras sociedades. Horizontes políticos de corto plazo y bajas densidades ciudadanas abonan el camino de ponderar abrumadoramente el corto plazo, perdiendo de vista el largo plazo. Esto crea un desfase negativamente importante para estos países, agravado por el hecho que para muchos de ellos la democracia ha llegado tardíamente, y el debate que debió de haberse dado hace 20 ó 30 años, continúa ocupando una buena parte de sus energías y capacidades, lo que está contribuyendo a obstaculizar su crecimiento y desarrollo.

¿Cómo afecta a la gerencia y el desempeño de las empresas la falta de desarrollo y bienestar para los ciudadanos en un determinado país? ¿Es posible hablar de empresas e industrias competitivas y eficientes en sociedades que no lo son? ¿Es posible revertir algunos signos desde ya alarmantes sobre tendencias futuras? ¿Qué es lo que hace que las economías y por ende los países crezcan? En su obra Las nuevas realidades, Peter Drucker (1909-2005) pone de relieve la insuficiencia del Estado como agente de “redención social” y evidencia que sólo la productividad de una nación puede generar equidad entre su pueblo. Es decir nuestras economías no deben dejar de crecer, el éxito o fracaso futuro de cualquier país va a depender de su crecimiento.

¿Qué es lo que hace a los países crecer? ¿Cuáles son estas fuerzas de cambio? Una de ellas es precisamente la demografía, también los recursos naturales y el ambiente, el comercio y las finanzas, la tecnología y el gobierno y la sociedad. La posición competitiva de los países descansa todavía en gran parte en las fortalezas y debilidades de su industria manufacturera así como también cada vez más en la eficiencia de su industria de servicios (bancos, hoteles, educación, cuidado de la salud, etc.). Además de la competitividad de las industrias y servicios, se dice que es también determinante del bienestar, la eficiencia de las sociedades como un todo, es decir la eficiencia de su organización social.

En su libro “The World in 2020: Power, Culture and Prosperity”, Hamish McRae habla del nivel de organización de las sociedades como piedra angular para medir su grado de éxito. Este autor menciona tres indicadores que nos pueden indicar cuáles sociedades van por el rumbo correcto: la proporción del PIB que representa el gasto público (lo que constituye un “proxy” del grado de responsabilidad del estado por los asuntos sociales), el nivel de ahorro (lo que da una buena idea de hasta que punto hay fondos disponibles para la inversión) y la proporción de gente joven en educación superior (lo que también constituye un buen indicador de hasta que punto una sociedad está dispuesta a invertir el mañana, en este caso en desarrollo humano).

A la entrada al siglo XXI se decía que podían vislumbrarse 4 importantes tendencias: el cambio de la geopolítica mundial con la caída de la Unión Soviética y el ascenso de China como potencia regional y global, la presión demográfica y social en sistemas sociales potencialmente volátiles, la emergencia de mercados globales interdependientes que afectan el bienestar de virtualmente cada nación y sociedad y la revolución tecnológica que está transformando economías avanzadas basadas en la industrias en economías basadas en la información[1] y la expectativa de que esto provoque un cambio revolucionario en asuntos económicos y militares.

Sólo voy a referirme a las que creo es más relevante para nuestra realidad: las sociales y ambientales. Las tendencias sociales y demográficas que se vislumbran hoy día en América Latina amenazan con rebasar la capacidad de una buena parte de los países de la región para adaptarse a ellas. Estas tendencias incluyen un crecimiento rápido de la población en regiones pobremente preparadas para absorberlo, migración e inmigración, desempleo y sub-empleo crónicos y competencia creciente por recursos cada vez mas escasos como agua y energía.

Las regiones más pobres de América Latina en efecto deberán hacer frente al reto de proveer a esta población de trabajo, salud pública, condiciones de vida decente y de los servicios sociales requeridos. Se dice que este reto va a ser más agudo en las zonas urbanas las que ya están experimentando un déficit de estos servicios. Producto del ya mencionado crecimiento poblacional va a aumentar la presión sobre los recursos naturales que puede ser manejable vía legislación y tecnología pero solo en el corto plazo.

Se habla también de otras presiones a los gobiernos y la sociedad en su conjunto. Mas esperanza de vida y mas asimetrías poblacionales Norte-Sur van a tener consecuencias serias en los negocios. ¿Estamos claros que el sector informal en nuestras sociedades esta siendo cada vez más grande? Definitivamente que esto no es deseable pero ya que es una realidad, debería motivar por ejemplo más negocios en la base de la pirámide (BOP) o mas negocios inclusivos con la participación del sector privado queriendo mejorar su imagen a través de la Responsabilidad Social Empresarial. En cuanto a nuestro decreciente capital natural, deberíamos de estar pensando en términos de escasez (ya tenemos ambas: física y económica) desde ya. Los problemas de agua y energía se van a volver aún más difíciles de manejar en los próximos 10 años en el contexto de los aumentos poblacionales ya mencionados.

El éxito económico será esencial para enfrentar estos retos. Ser eficiente en diferentes tipos de actividad productiva es una condición necesaria para una amplia prosperidad, mas es insuficiente. La prosperidad duradera requiere sociedades que sean estables, ordenadas y honestas. La prosperidad tampoco se puede mantener en medio del caos tanto político como el que provoca el crímen organizado (el 23 de junio, la Organización de las Naciones Unidas contra el Crimen y la Droga, dio a conocer que los países del llamado “triángulo norte” – Guatemala, Honduras y El Salvador-  están fuertemente involucrados en el tráfico internacional de droga y tienen la tasa de asesinatos mas alta del mundo – aún arriba de México-[2]). Se dice que estabilidad y orden algunas veces puede chocar con otra cualidad en competitividad económica que es cada vez más importante: la creatividad. Sin embargo esto no se sostiene cuando vemos los casos de Singapur y China, países con poca tolerancia hacia la delincuencia y con economías crecientes y saludables. Una cosa si es segura, creatividad sin orden es probable que resulte en miseria para todos. Las sociedades mas prósperas e interesantes van a combinar ambas, Sostener el balance entre orden e individualismo va a conducir a sociedades eficientes y humanas. Se necesita una buena dósis de auto-disciplina con algo de disciplina externa y una enorme dósis de liderazgo visionario local.

Por otra parte la crísis y vulnerabilidad de las economías globales junto a altos déficits fiscales y desempleo ha provocado una especie de “downscaling” de las expectativas del mundo industrializado. Se dice que solamente la demografía por si misma va a tender a bajar los estándares de vida. La integración europea va a llegar a su límite (miles de años de historia sugieren que nunca va a ser una entidad nacional única). Se van a seguir viendo regionalismos en estados pequeños combinados con estabilidad en aquellos estados más grandes. China va a consolidar su posición de seguidor a líder inclusive si esta descansa solamente en el tamaño y una mayor afluencia (aunque esta sea lenta) de su población, lo que va a continuar moviendo gradualmente el balance de influencia hacia el oriente. Grandes cambios sociales y económicos han reducido a pedazos el concepto de “Tercer Mundo” como entidad geográfica. Como ya se dice “el tercer mundo se ha movido en parte a Los Ángeles y el primero a Singapur”. Los Estados Unidos están cambiando de cultura Europea a otra nueva cultura multirracial y multicultural de la cual todavía no podemos prever sus resultados. Hasta el momento hemos podido sacar nuestros excesos de población hacia ese país. Resulta poco realista suponer que esto va a mantenerse en el futuro en forma indefinida.

En cuanto a sistema económico, los países cada vez más tienden a jugar el mismo juego bajo las mismas reglas: el mismo sistema financiero y económico: el capitalismo de libre mercado. Y es que hasta este momento, el estilo occidental de organización económica ha ganado y no se prevé que esto vaya a cambiar. Ya existe un conocimiento bastante generalizado con respecto a lo que funciona y lo que no funciona en términos de modelo político-económico. Mas aun, dudas sobre la economía de mercado después de la crísis financiera global no han vuelto a poner sobre la mesa el mercado versus las economías de planificación central. Lo que si es seguro es que los nuevos experimentos mas políticos que económicos del llamado socialismo del siglo XXI cuyo contenido y significado es bastante difuso, no deberían estar guiados por una mala asignación de recursos en la sociedad como fue el caso del antiguo bloque socialista. Hay una memoria demasiado reciente que justifique reincidir en los mismos errores. Urgen acuerdos a nivel de nación sobre el futuro de estos países. Existen peligros reales de volver a polarizar nuestras sociedades. En esto estamos bastante solos hoy en día ya que occidente está viendo hacia otro lado (crísis financiera global, terrorismo, crimen organizado, guerras en medio este, crecimiento de China, balance militar, migración y problemas domésticos). Vamos a tener que ponernos de acuerdo entre nosotros y cuanto más pronto y sin sectarismos lo hagamos, mejor.

La diferencia pues -y por ende el éxito- la va a hacer la eficiencia y la organización, el orden y la disciplina de la sociedad. ¿Qué tipo de liderazgo es el que se necesita para impulsar estos cambios? ¿Tenemos mejores gobiernos en América Latina? En general se cuenta con mejores gobiernos y pueblos mas educados pero con malos hábitos; pueblos todavía acostumbrados al paternalismo, al caudillismo, depredadores del medio ambiente y los recursos naturales, poco innovadores y una parte de él siendo víctima y participante activo en el crimen organizado sobre todo debido a la desintegración familiar, hijos mono-parentales, consumo de drogas y pérdida de valores e identidad. La presencia del crímen organizado en torno a la droga y esclavitud sexual ha tenido por lo tanto un caldo de cultivo en estas sociedades con pobres liderazgos, dicotómicas, desorganizadas y bastante anárquicas.

¿A que se debe la incapacidad de poder solucionar los problemas domésticos de hoy en día? ¿Cuánto deberíamos dedicarle a estos y al futuro? ¿Por qué no se discuten estos temas en las agendas de los políticos? ¿Qué hacer ante tan bajos niveles de ciudadanía? ¿Hay desconocimiento de estos temas o simplemente oportunismo político o cortoplacismo? Generaciones mejor informadas, educadas y con mejor liderazgo deberían estar en capacidad de tomar mejores decisiones que las generaciones precedentes. Yo no tengo todas estas respuestas pero creo que valdría la pena contribuir a encontrarlas a través de la discusión en forma abierta y participativa en nuestras sociedades.


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[1] Una sociedad de la información es aquella en la que la información y el conocimiento tiene un lugar privilegiado en la sociedad y en la cultura. La sociedad de la información es vista como la sucesora de la sociedad industrial. La noción de sociedad del conocimiento fue utilizada por primera vez en 1969 por un autor austríaco de literatura relacionada con el “management” o gestión, llamado Peter Drucker. (Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Sociedad_del_conocimiento)

[2] La Prensa de Nicaragua, domingo 27 de Junio de 2010. Pág.9-A

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