Archive for October 18th, 2011

España: La trilogía del campeón.

Prof. German Retana

Prof. German Retana

18.10.2011. Por el prof. German Retana. La tarea del líder es crear un ambiente propicio para el esfuerzo supremo. Un clima que reúna la voluntad de los miembros del equipo para apostar por un mismo objetivo. Cuánto más elevado es ese objetivo, más se satisfacen las motivaciones individuales, que suelen ser diferentes entre sí. Así resume Pepu Hernández su papel como seleccionador de baloncesto de España, campeona del mundo en el 2006.

Ese ambiente nace -dice Pepu- a partir de tres pilares: la confianza, el respeto y la solidaridad. Si el primer pilar está presente, los problemas pequeños permanecen pequeños porque son confrontados sin retraso. Nada bueno crece en un clima de miedo, recelo o aversión al riesgo de discrepar. “Hay que crecer hasta el último día y crear, desde el origen, condiciones parecidas a las del porvenir”, indica el exitoso entrenador; y agrega que los miembros del equipo deben establecer y fortalecer sus propias normas de conducta, pues así sabrán que se confía en ellos y las cumplirán rigurosamente.

La confianza tiene como retorno más confianza. Quienes la reciben se sienten valorados y comprometidos a ser leales al equipo y al líder. Esa lealtad admite incluso la discrepancia con el “jefe”, pues es un modo de prevenirle ante errores que puede cometer. Un entorno de confianza estimula la improvisación, la creatividad y la pasión por mejorar. Con ella se descartan órdenes inagotables, disciplina asfixiante y estilos autoritarios de gestión.

El respeto, segundo pilar, se refiere a la valoración del papel de cada miembro. Cuando una persona se siente apreciada, estará más propensa al impulso sobrehumano que a veces es preciso para ganar. Eso mismo sucede si la consideración integral a la persona está por encima de la función que desempeña. Los buenos síntomas del respeto son el diálogo en lugar de la imposición, el convencer más que el vencer, el servir en vez del ser servido. El respeto agrega humildad al trabajo fuerte y juntos conllevan al éxito, señala el autor Jim Coolins.

Según Pepu, cuando la confianza y el respeto se unieron en la Selección de España, la solidaridad, tercer pilar, se abrió paso para crear una fraternidad sincera y exigente que se constituyó en una sólida muralla. Allí se estrellaban los prejuicios, las divisiones internas y todo lo que no sumara al gran propósito. El equipo se convirtió en un refugio de sincera amistad. La solidaridad disolvió problemas, permitió el humor, incrementó la camaradería y enalteció el compromiso de todos con la meta. “Aquí nada afecta al grupo y nadie es imprescindible”, rezaba uno de las premisas del equipo de Pepu, que hizo historia.

Él éxito, según Pepu, depende un 20% del poder o capacidad, un 30% del saber o habilidad y un 50% del querer o del compromiso. ¿Sucede lo mismo en su organización?

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Steve Jobs y Ralph Steinman

Prof. Guillermo Edelberg

Prof. Guillermo Edelberg

18.10.2011. Por el prof. Guillermo Edelberg, Profesor Emérito de INCAE Business School. Un artículo de esta serie (1) se ocupó acerca de si existía paralelismo entre las vidas de Steve Jobs y Bill Gates y cómo se comparaban sus respectivos legados. Lo recordé poco después del anuncio de que el Premio Nobel de Medicina 2011 había sido otorgado a tres vestigadores, uno de los cuales, Ralph Steinman había fallecido unos días antes del anuncio. ¿Por qué recordé el artículo? Porque en esos días también tuvo lugar el fallecimiento de Steve Jobs lo cual me permitió comparar las distintas repercusiones que estos tristes acontecimientos tuvieron en medios de comunicación masiva y el público en general.

El recuerdo no debe interpretarse como que de repente encontré un cierto paralelismo entre ambas muertes. Obviamente éste no existe más allá de que ambos fallecieron a causa de la misma enfermedad y en fechas muy cercanas. Haberlo encontrado hubiese demostrado mal gusto, criterio pobre o humor negro.

Es innecesario repetir aquí la contribución del primero a la tecnología y los negocios. En cuanto al segundo, un científico señaló lo siguiente: “En una conversación entre inmunólogos estuvimos de acuerdo en que el trabajo de Steinman no ha resultado todavía en ninguna cura o tratamiento efectivo. Más que nada el descubrimiento de las células dendríticas permitió conocer mejor cómo funciona el sistema inmune. Básicamente, se cree que la célula dendrítica es la que alerta a los linfocitos (una variedad de glóbulos blancos) acerca de la presencia de una invasión de microbios o, posiblemente, de un cáncer. La esperanza actual se cifra en que este conocimiento permita desarrollar en el futuro mejores vacunas contra patógenos y cáncer. Cabe mencionar que desde su descripción original en el trabajo de Steinman, que definió su función, se han publicado unos 70.000 artículos científicos sobre las células dendríticas”. (Luis J. Sigal, Fox Chase Cancer Center, Filadelfia)

La reacción de los medios de comunicación y la del público en general ante ambos hechos luctuosos me hicieron pensar acerca del impacto en nuestra sociedad de personas como Steve Jobs y Ralph Steinman. Desde el fallecimiento del primero hasta el momento de escribir estas líneas pocos días después no ha habido día en que se lo haya dejado de mencionar, a veces por medio de varios artículos, en los medios de comunicación masiva a los que accedo habitualmente. En cambio al segundo se lo mencionó sólo dos o tres días por sus descubrimientos científicos ―posiblemente poco comprensibles para el público en general― y por el hecho inusual de que no alcanzó a enterarse del importante premio que se le había otorgado. Luego desapareció de los titulares. Es interesante señalar que el investigador recién mencionado agregó lo siguiente: “En 2011 también falleció B. Blumberg, Premio Nobel de Medicina 1976, quien identificó el virus de la Hepatitis B y desarrolló su vacuna, lo que salvó y salvará incontables vidas”. Este hecho no tuvo mucha repercusión. ¿Aparte de los círculos especializados, cuántos lo recuerdan?

Se dedicaban a especialidades distintas, una más popular y más accesible que la otra. Tal vez esto explique las distintas repercusiones; pero ¿dice algo acerca de los valores de nuestra sociedad? La pregunta no implica un intento de desmerecer a Jobs o a Steinman. Ambos hicieron contribuciones admirables ―diferentes e imposibles de comparar. Sin embargo, las distintas repercusiones no dejar de crear cierta inquietud, que no es nueva. Resurge cada vez que tienen lugar acontecimientos similares.

S. Berinato, unos de los editores de la Harvard Business Review, se ocupó de esto en un artículo titulado “On Dr. Ralph Steinman and Steve Jobs“, publicado el 7 de octubre de 2011 en uno de los blogs de la revista. Entre otras cosas dijo siguiente:

Un visionario que influyó en las vidas de muchas personas falleció luego de librar una batalla contra el cáncer de páncreas. Se llamaba Ralph Steinman y fue un biólogo que descubrió lo que él llamó células dendríticas.

También falleció Steve Jobs. Debo admitir que me perturba su canonización instantánea. Me parecen desproporcionados y tal vez equivocados los efusivos comentarios en Facebook, la saturación en Twitter y la atribución repentina de cualquier interacción positiva con la tecnología. Siento roer en mi interior tal vez en relación con lo que expresa el público ―las flores en los negocios, la vela digital― sin poder especificar bien de qué se trata.

Leí la nota necrológica acerca del Dr. Steinman. Me conmovió no sólo por sus descubrimientos sino también por el hecho sorprendente de que, para luchar contra el cáncer que lo afectaba, utilizaba tratamientos desarrollados a partir del descubrimiento por el cual le habían otorgado el premio Nobel.

Me di cuenta que mi incomodidad no se debía a si Steve Jobs merecía o no la canonización sino al hecho de que era la persona a la que nosotros elegíamos para ser canonizada. Una celebridad y un empresario poderoso. Un multimillonario distante que fabricó hermosos productos para comodidad del primer mundo. Era nuestro faro, nuestro líder.

Y por algún motivo el Dr. Steinman no era la persona que elegiríamos. Tal vez esto diga más acerca de la naturaleza “mecánica” de las redes sociales. Realmente, ¿qué nos cuesta cliquear “me gusta”, intercambiar una foto, buscar el vínculo a un video en YouTube o proclamar ante el mundo que un teléfono ha cambiado profundamente nuestras existencias?

Estos son nuestros valores. También son los míos. Confieso que tropecé con una nota necrológica sobre Steinman mientras investigaba, en relación a Steve Jobs, sobre el cáncer de páncreas. Éste fue el origen de mi inquietud. Sugeriría, a partir de lo poco que sé, que Steinman fue tan visionario como Steve Jobs. En Facebook existen sendas páginas dedicadas a ambos. Cuando las visité por primera vez, 174 personas habían cliqueado “me gusta esto” en la primera y 1.092.658, en la segunda.

Usted, lector o lectora, ¿qué opina al respecto?

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1) Ver artículo # 202, Steve Jobs y Bill Gates: ¿Vidas Paralelas? en www.guillermoedelberg.com.ar

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