Cuando los números son insuficientes
21.11.2011. Por Guillermo Edelberg. Profesor Emérito de INCAE Business School. Hace muchos años conversé con un profesor de economía de los Estados Unidos que dictaba clases en un programa MBA. Sus ex alumnos, me comentó en aquella oportunidad, decían que les era difícil comprender cómo sus padres ―inmigrantes, en muchas casos― habían podido manejar y triunfar en sus negocios “sólo haciendo anotaciones al dorso de un sobre”. Ellos, en cambio, tenían dificultades al incorporarse al negocio familiar porque les costaba desempeñarse adecuadamente sin tener los datos que les habían enseñado a manejar en la universidad. Años después, un consultor amigo me contó que había debido viajar integrando un equipo de trabajo con jóvenes MBAs. Esto tuvo lugar en la época en que se comenzaron a popularizar las computadoras portátiles. Me comentó que en esa oportunidad, y luego en otras posteriores, había observado que los jóvenes MBAs hacían “en todo momento” numerosos cálculos y anotaciones en sus equipos, cosa que él no hacía, por lo cual se había sentido extraño al grupo.
Estas anécdotas indican que, luego de una época en la que se hacía un uso limitado de datos numéricos, sobrevino otra en la que se exigió más y más información cuantitativa hasta llegar a una más cercana o a la actual en la que los datos numéricos se hicieron y se hacen presentes en forma abundante ―y a veces hasta difícil de digerir.
Esto no es ningún secreto. Los expertos señalan que dos estudios llevados a cabo en la década de los 50 ejercieron una marcada influencia y recomendaron, entre otras conclusiones, que las escuelas de administración hicieran un mayor uso de técnicas cuantitativas en la enseñanza y en la investigación.
Peter Drucker se resistió. Expresó que para la toma de decisiones desconfiaba de las bondades de los “hechos” basados en datos numéricos y escribió lo siguiente:
La mayoría de los libros sobre la toma de decisiones le dicen esto a sus lectores: primero se deben identificar los hechos. Sin embargo, los ejecutivos que toman decisiones efectivas saben bien que uno no trabaja a partir de hechos sino más bien a partir de opiniones. El entendimiento sobre el que se apoya una decisión correcta aumenta tanto por medio del choque y el conflicto de opiniones que difieren como por medio de una seria consideración de opciones que compiten entre sí. Es imposible contar con los hechos antes de conocer las opiniones. No hay hechos a menos que se tenga un criterio de relevancia”. (S. Wunker, Why Peter Drucker Distrusted Facts. Blogs Harvard Business Review, 4 de noviembre de 2011)
El cuestionamiento a los métodos cuantitativos se vio reforzado en los últimos tiempos. Tal como lo explicó R. Martin, decano de la Rotman School of Management de la Universidad de Toronto:
Vivimos en un mundo que se preocupa por predecir y que se deleita con los métodos cuantitativos. Esto está claro en el ambiente de las empresas: aquellos que se dedican a pronosticar producen predicciones precisas acerca del crecimiento económico por medio de modelos econométricos. Los CEOs, por su parte, guían los mercados de capitales detalladamente en relación a las ganancias pronosticadas para el trimestre siguiente. Estamos gobernados por aquello de “muéstrame los números” o “no tiene importancia todo lo que no se pueda medir”. Lo cual no nos llevó muy lejos. Los economistas se equivocaron en forma consistente. Ninguno de los principales macro-economistas de las organizaciones dedicadas a pronosticar preveía a mediados de 2008 que la economía no iba a crecer y mucho menos que iba a explotar. [...] Por su parte, los CEOs siguen equivocándose brindando guías trimestrales basadas en sus sofisticados sistemas de planeamiento financiero y se los sigue castigando no por mal desempeño sino por no predecir resultados con varios meses de anticipación. (Beyond the Numbers: Building Your Qualitative Intelligence. Rotman Magazine. Primavera de 2010)
El profesor R. S. Kaplan de la Harvard Business School dijo lo siguiente:
En la actualidad conocemos menos lo que pasa en el interior de las empresas que hace 40 años. Ninguno de nosotros estudia o enseña las mejores prácticas sobre valuación de activos y gerencia de riesgos que emergen de instituciones financieras bien administradas (existen unas cuantas de las que vale la pena aprender). Conozco un banco importante que no contrata a egresados de escuelas de administración porque no cuentan con las habilidades requeridas para valuar y estimar los riesgos de activos complejos que sólo se negocian de vez en cuando.
Para solucionar esta falta de conocimientos, más estudiosos de las escuelas de administración, especialmente en el área contable, necesitan [...] comenzar a explorar al interior de las prácticas de las mejores empresas. Un caso cualitativo y detallado que documente y analice cómo los gerentes innovadores valúan y manejan los activos riesgosos brindará mucha más información que otro estudio más acerca de la correlación entre datos contables públicos y retornos promedios de la bolsa de valores. (The Hollow Science, columna en la Harvard Business Review de mayo de 2011)
Es posible que el lector haya reparado en la referencia a un banco importante que no contrataba a egresados de escuelas de administración en la cita anterior, así como en la necesidad de identificar las mejores prácticas y las mejores empresas. ¿Qué se puede esperar en el futuro próximo? Tal vez una intensificación de comentarios similares a los de los párrafos que anteceden y un mayor equilibrio entre el análisis cuantitativo y el cualitativo en la toma de decisiones. Como dijera un estudioso:”no todo lo que importa puede ser medido y no todo lo que puede ser medido importa”.
A su manera, el tango (1)hace muchos años que se concentra en el análisis cualitativo, como cuando canta así: Decime quién sos vos / decime dónde vas / alegre mascarita / que me gritas al pasar: / “-¿Qué hacés? ¿Me conocés?”
Guillermo S. Edelberg DBA
Profesor Emérito, INCAE Business School
www.guillermoedelberg.com.ar
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(1) Siga el corso, 1926. Música: A. Aieta. Letra: F. García Jiménez


