Archive for the ‘ Innovación ’ Category

Cultural Fit

337Por el Prof. Guillermo Edelberg. Profesor Emérito de INCAE. Lo habitual parece ser que se contrate a “gente como nosotros”, gente que ha ido a escuelas que conocemos, gente que nos han referido nuestros amigos (1).

Desde hace algunas décadas la literatura especializada en inglés ha utilizado la expresión cultural fit para referirse a lo que describe esta cita (se podía haber dicho, por ejemplo. que “lo habitual era contratar a gente que manifestase un cultural fit con nuestra organización”). La palabra fit tiene varias acepciones; en este caso quiere decir adecuado, apropiado o que satisface, se ajusta, es compatible, encaja, se corresponde. Cultural –idéntica palabra en inglés y en español– significa, según el Diccionario de la Real Academia Española online, “relativo a la cultura,” y cultura, en la tercera acepción de la palabra, “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” Una posible traducción de cultural fit podría ser algo así como “cultura compatible”.

La contratación de candidatos poseedores de una cultura compatible con la de una organización no sólo es habitual sino también importante. Un autor lo recalcó en relación a las actividades de reclutamiento. Dijo que éste es crucial para todos los niveles y especialmente para el nivel senior, donde se toman decisiones y se ejerce el liderazgo. También es importante para determinar si un candidato será adecuado en el largo plazo. “Es complejo determinar si una cultura es compatible con la de la organización; pero vale la pena determinarlo. Pueden presentarse candidatos que aparentan ser adecuados basándose en sus habilidades y experiencias; pero encuanto se profundiza en sus antecedentes y comportamientos personales puede surgir que no poseen la mentalidad necesaria para lograr resultados al ritmo de la organización y el medio donde ésta actúa. (A. Shaw, Cultural fit can be key to success. FT.com, 15 de diciembre de 2011).

Otro autor señaló que no hay nada peor que aterrizar en un trabajo en una gran empresa y darse cuenta que la cultura que uno acarrea no es compatible con la de la organización. Si a los empleados tanto de grandes empresas como de otras más pequeñas les resulta difícil identificar y articular la cultura de su organización, mucho más difícil le será a los candidatos a ingresar. Por este motivo, “evaluar la cultura de la organización y decidir si es compatible con la suya es un desafío para todo candidato antes de aceptar un ofrecimiento de trabajo”. (E. Varelas, Sizing up cultural fit. T + D, noviembre de 2009)

L. A. Rivera escribió a mediados de 2015 otro artículo referido al tema que nos ocupa. Empezaba así:

A lo largo de distintas culturas e industrias los gerentes le otorgan un valor importante al cultural fit –la idea de que los mejores empleados tienen una mentalidad similar. Un estudio reciente encontró que más del 80 por ciento de los empleadores del similar. Un estudio reciente encontró que más del 80 por ciento de los empleadores del mundo mencionó el cultural fit como una característica prioritaria al momento de contratar.

La selección de nuevos trabajadores de esta manera, si se la pone en práctica cuidadosamente, puede contribuir a hacer las organizaciones más productivas y exitosas. Lamentablemente, la noción de cultural fit se ha convertido en un concepto nebuloso y potencialmente peligroso. De un análisis sistemático de aquéllos que podrían tener éxito en un determinado lugar de trabajo ha pasado a transformarse en breves juicios emitidos por gerentes acerca de con quiénes les gustaría pasar el tiempo. Fit, a través de este proceso, se ha convertido en una generalización utilizada para justificar la contratación de personas similares a quienes toman decisiones y rechazar a quienes no lo son.

Esta autora explicó en el artículo que la compatibilidad cultural se ha convertido en algo “tramposo”. Entrevistó a más de 100 ejecutivos de alto nivel y dedicó nueve meses a investigar las prácticas de reclutamiento de una organización. Sus entrevistados recalcaron la importancia del cultural fit al momento de contratar; pero no se referían a los valores de la organización sino a una compatibilidad de tipo personal. Preferían contratar a gente con las cuales disfrutar el paso del tiempo y con quienes pudieran quizás desarrollar una relación estrecha. Muchos de ellos utilizaban el “test del aeropuerto”. O sea “¿me gustaría estar varado en algún aeropuerto con algunos de ellos durante una tormenta de nieve?”

También señaló que los entrevistadores tenían en cuenta la “simpatía” de los entrevistados. Una de las más poderosas fuentes de simpatía, dijo, era el descubrimiento de experiencias similares en sus actividades recreativas o en sus biografías y agregó lo siguiente:

La definición sesgada de compatibilidad cultural basada en la clase social es una de las razones por las cuales la banca de inversión, las empresas de consultoría gerencial y las sociedades de abogados se encuentran dominadas por personas provenientes de los niveles socio-económicos más elevados. También, ya sea en la industria de las finanzas, la alta tecnología o la moda, una buena compatibilidad en la mayoría de las corporaciones de los Estados Unidos tiende a ser típicamente masculina. […] El querer trabajar con gente parecida a uno no es nuevo. En el pasado, los empleadores restringían las oportunidades de trabajo basándose en el sexo, la raza o la religión, lo cual hoy día es ilegal. La compatibilidad cultural se ha convertido en una nueva forma de discriminación que mantiene bajas tanto la diversidad de los integrantes de la organización como su diversidad cultural, todo esto en nombre del disfrute y el entretenimiento en el empleo (The New York Times, Guess Who Doesn’t Fit In at work? Nueva York, 30 de mayo de 2015)

Usted, lector ¿qué opina al respecto?

____________________________________________________

(1) Ver artículo # 248 People analytics en www.guillermoedelberg.com.ar

Share

Drones Comerciales

Prof. Guillermo Edelberg

Prof. Guillermo Edelberg

Por el prof. Guillermo Edelberg. Profesor Emérito de INCAE. www.guillermoedelberg.com.ar

Según su tercera acepción en el Diccionario Merriam-Webster online, el vocablo en inglés drone se refiere a “un avión o barco no tripulado guiado por control remoto”. Otra publicación dice que los “drones ─aviones no tripulados, piloteados a control remoto o autónomos─ pueden ser grandes como un avión comercial o pequeños como un pájaro. Su mayor ventaja consiste en hacer trabajos que son muy aburridos, sucios o peligrosos para los pilotos”.

La expresión no ha sido registrada hasta ahora en el Diccionario de la Real Academia Española; pero no es nueva para la mayoría de los lectores. Los diarios han informado acerca de la utilización de tales aparatos en operaciones militares llevadas a cabo en los últimos años. Lo más común ha sido referirse a vehículos aéreos no tripulados, de tamaño relativamente pequeño y de características distintas según las necesidades.

La discusión acerca de drones comerciales, tampoco nueva, tomó fuerza luego del anuncio hecho por Jeff Bezos, el CEO de Amazon.com, en la televisión de los Estados Unidos a principios de diciembre de 2013. Su empresa estaba estudiando la forma de utilizarlos, bajo la forma de pequeños helicópteros manejados a control remoto, para entregar productos en el domicilio de los clientes dentro de los 30 minutos posteriores a la compra y anticipó que el servicio podría estar listo dentro de cuatro o cinco años.

The Wall Street Journal Americas, en su edición del 11/12/13, señaló lo siguiente: “Aunque Bezos no tiene idea de cuándo podrán realizarse las entregas por medio de drones ─el proyecto, que es tecnológica y económicamente dudoso, está prohibido por regulaciones estadounidenses─ su reciente presentación pública en el programa 60 Minutes ofreció valiosos elementos de relaciones públicas para la empresa”.

La prohibición se relaciona con el conflicto planteado entre la conveniencia de la utilización de drones en la vida comercial y la seguridad y privacidad del público en general (1). Una publicación señaló lo siguiente:

Los drones podrían analizar las condiciones de cosechas y ganado, ubicar incendios en los bosques, entregar pizzas, inspeccionar cañerías y diques, entregar medicamentos en lugares remotos, predecir tormentas, proveer informes acerca del tráfico, ubicar delincuentes, espiar la vida de las celebridades y vender propiedades inmuebles, por ejemplo. También podrían contrabandear drogas, chocar con edificios, espiar a determinadas personas, arrojar bombas, disparar armas de fuego y juntar información sobre cualquier persona en la que se interesen el gobierno, una empresa o una agencia de investigaciones privada. Los hackers podrían redireccionar drones y provocar desastres, desde robar mercadería hasta chocar con aviones de pasajeros. (Editorial. Balancing Safety, Privacy in Use of Drones. Mc.Clatchy – Tribune Business News. Washington, 7 de enero de 2014)

La publicación anterior señaló que “el mercado parece ser una fuerza irresistible. En los primeros nueve meses de 2013 se invirtieron en los Estados Unidos más de 40 millones de dólares en tecnología de drones. En la industria se predice que alrededor de 2030 unos 30.000 drones comerciales estarán volando (hoy día más de 50.000 aviones y sus respectivos pilotos sobrevuelan los Estados Unidos). Los drones podrían contribuir unos 82.000 millones de dólares y unos 100.000 puestos de trabajo a la economía hacia 2025”. La Federal Aviation Administration anunció, en diciembre de 2013, que había seleccionado seis estados en los cuales se habrían de autorizar sitios para desarrollar tests relacionados con drones. La selección había sido hecha en base a distintos climas, geografía, infraestructura en el terreno, necesidades de investigación, utilización del espacio aéreo, experiencia con el tráfico aéreo y riesgos.

Si bien los drones, tales como el “octocoper” utilizado por Amazon, son capaces de transportar una caja de unos 2,5 kg de un punto a otro, existen desafíos técnicos que deben solucionarse antes de que sea posible su amplia utilización, a saber: a) confiabilidad: los drones chocan con más frecuencia que los aviones tripulados; b) seguridad: son más vulnerables al “hackeo”; c) sensibilidad a obstáculos y capacidad para evitarlos: por ejemplo: edificios, postes cableados y otros vehículos aéreos. The New York Times, en su edición del 7 de septiembre de 2013 advirtió que “en el pasado, el elevado costo de un avión piloteado tradicional impuso un límite natural a la vigilancia aérea; pero los drones, que son más pequeños, podrían cambiar profundamente las características de la vida pública. […] Los interesados pueden comprar un sistema completo, esto es, un vehículo aéreo, software y estación de control por menos de 100.000 dólares. El costo de sistemas más pequeños oscilan entre 15.000 y 50.000 dólares. (A. Eisenberg, ‘Preflight Turbulence for Commercial Drones’)”

La American Civil Liberties Union sostuvo por su parte que el otorgar a los drones más acceso a los cielos de los Estados Unidos habría de convertir el país en una sociedad vigilada, “en la que cada uno de nuestros movimientos fuese controlado, registrado y convertido en objeto de escrutinio por parte de las autoridades” (a là George Orwell en 1984).

En resumen: el debate, que en algún momento llegará a nuestro medio, quizá no sea “sí drones comerciales” o “no drones comerciales,” sino “cuándo drones comerciales”.

Tal vez algún nostálgico encuentre entonces aplicables los primeros versos de una milonga (2) escrita por Ángel Villoldo (el autor de El Choclo):

Es el siglo en que vivimos / de lo más original / el progreso nos ha dado / una vida artificial. /Muchos caminan a máquina / porque es viejo andar a pie, / hay extractos de alimentos / y hay quien pasa sin comer. / Siempre hablamos de progreso / buscando la perfección / y reina el arte moderno / en todita su extensión. / La chanchulla (3) y la matufia (4) moderna / es una calamidad.

Usted, lector, ¿qué opina al respecto?

________________________________________

(1) Ver artículo # 80 La privacidad ya no es lo que era en www.guillermoedelberg.com.ar
(2) Matufias (O el arte de vivir). Milonga, 1906. Música y letra: A. Villoldo
(3) Chanchullo: manejo ilícito, negocio sucio. Estafa, operación fraudulenta (Diccionario lunfardo)
(4) Matufia: ardid, engaño, triquiñuela. Manejo oculto con que se prepara algún fraude (idem)

Share

Retos gerenciales en un entorno de negocios que necesita mejoras profundas

Prof. Felipe Pérez

Prof. Felipe Pérez Pineda

25/6/12. Prof. Felipe Pérez Pineda. El contexto, social, económico y ambiental en el que vivimos como Latinoamericanos  nos está mandando señales a las que -tal y como me referí en uno de mis artículos anteriores- a veces no se les presta la debida atención o se posponen para otro “mejor” momento con las graves consecuencias que esto implica ya que los problemas se desarrollan siguiendo su propia dinámica (sobre todo los sociales y ambientales) y a veces las soluciones, cuando se quieren abordar en forma tardía, son prohibitivamente caras y por tanto difíciles de implementar.

El conjunto de problemas y retos tales como la necesidad de un mayor crecimiento económico y sostenible, altos índices de delincuencia y homicidios, contaminación y degradación ambiental, altos niveles de pobreza e informalidad, entre otros; están presionando a nuestras sociedades por un cambio drástico en las concepciones de nuestras clases políticas locales sobre la sociedad que queremos forjar y sobre la necesidad de instituciones tanto políticas como económicas eficientes que envíen los incentivos adecuados para fomentar el crecimiento económico con equidad y competitividad.

El que todos los países centroamericanos sin excepción hayan tenido un mal posicionamiento (arriba de la posición 100 en un conjunto de aproximadamente 142 países)  en los indicadores relacionados con el clima de negocios de acuerdo al Índice de Competitividad Global 2011 (The World Economic Forum) nos está indicando que estamos perdiendo competitividad relativa frente a otras naciones. América latina se ha quedado atrás desde hace ya varias décadas cuando se le compara con las llamadas economías emergentes del sudeste asiático (Corea del Sur, Singapur, Vietnam, etc.) algunas de las cuales en la década de los 1960s eran bastante parecidas económicamente a varios de nuestros países centroamericanos en esa misma época.

A pesar de que nuestros países en general han estado experimentando crecimiento económico desde hace varios años, todavía estamos lejos de parecernos hoy en día a esas otras economías que tienen además de crecimiento y prosperidad, tasas de innovación enormes comparadas con las nuestras. ¿Qué está pasando en nuestras instituciones que no fomentan la competitividad, el emprendedurismo y la innovación? En 2011, en los Estados Unidos se registraron aproximadamente 120 mil patentes, contra 76 mil en Asia y tan solo 760 en América Latina (la mayor parte en México y Brasil). Solo Corea del Sur registró cerca de 13 mil patentes, aproximadamente 20 veces más que Latinoamérica en su conjunto. La explicación que más me ha convencido la leí recientemente en el libro ¿Por qué las Naciones Fallan? (Why Nations Fail?) de los profesores Acemoglu y Robinson. La respuesta es: por el tipo de instituciones que todavía tenemos en nuestra región.  Y es que la diferencia en el grado de éxito de un país radica en la calidad de sus instituciones económicas y políticas que están íntimamente vinculadas y definen la interacción entre el estado y la sociedad ampliamente entendida (empresas, consumidores, sociedad civil, etc.)

Se necesitan cambios en nuestras instituciones que todavía tienen bastante de lo que ellos llaman extractivas (en donde los intereses de sectores políticos y/o económicos privan sobre el del resto de la sociedad) que nos conduzcan hacia otro tipo de instituciones por ellos llamadas inclusivas porque posibilitan la creación de un terreno social nivelado para que ciudadanos y empresas apliquen su creatividad y dinamismo y reciban a cambio un retorno a su esfuerzo y capacidad emprendedora. Es de esta manera que se fomenta el empresarialismo que es dinamo para una sociedad capitalista pujante, responsable y democrática. Una sociedad en donde sin descartar la innovación tecnológica también se adopte inteligentemente la tecnología producida principalmente en los países industrializados y en donde la innovación puede provenir más de modelos de negocios diseñados localmente que respondan mejor a las necesidades de los mercados y consumidores a un costo competitivo  promoviendo la inclusión económica en países donde más bien la exclusión de grandes segmentos de la sociedad es enorme, en donde el empleo informal no agrícola oscila entre un 45% a un 65%. Todo esto conservando y si es posible mejorando nuestra dotación de capital natural y contribuyendo a la vez a una mejor sociedad en donde los jóvenes sepan que pueden progresar si se educan.

Creo que hemos tenido logros importantes en términos de crecimiento económico (a un costo ambiental que todavía desconocemos), de combate a la pobreza y en la consolidación de regímenes democráticos en donde se construye el respeto al imperio de la ley, la alternancia en el poder político y el respecto a los derechos de propiedad entre otras cosas. No quiero pecar de ingenuo y dejar de mencionar que hemos también tenido retrocesos en este sentido. Creo sin embargo que el panorama político luce mejor que el de hace 30 años en la época de conflictos políticos que por la incapacidad de las clases gobernantes se tradujeron en sangrientas guerras civiles especialmente en Centroamérica, región en donde todavía la democracia es joven, frágil y necesita mejoras sin duda alguna.

Esto va a posibilitar que estemos en mejor posición para responder a los retos que nos agobian desde que nos convertimos en repúblicas independientes hace menos de 200 años, retos tales como: la migración, la pobreza y el aumento de la criminalidad, la existencia de sistemas educativos débiles, la falta de infraestructura, la degradación y pérdida de capital natural, la pérdida de competitividad y sobre todo la falta de liderazgo. Estoy convencido que necesitamos construir más ciudadanía, construir más capital social y monitorear y exigir rendición de cuentas a los políticos y los rumbos por donde nos están conduciendo en un entorno cada vez más competitivo y en donde es muy fácil quedarse rezagado y continuar perdiendo importancia como región.

Dr. Felipe Pérez Pineda
Profesor en los Programas de Maestría de INCAE Business School
Felipe.Perez@incae.edu

Share