El arte de convivir

Fort Prof. German RetanaLauderdale, Florida. ¿Por qué algunas personas se esmeran en incomodar a otras con decisiones y conductas fuera de lugar? En cambio, cuando la actitud es respetar a los demás y acatar las normas mínimas de convivencia, todo funciona con una fluidez que inspira a las organizaciones y comunidades a avanzar hacia su propia superación.

Por ejemplo, en las playas de esta ciudad están demarcados los múltiples sitios en los que se encuentran nidos con huevos de tortuga. Los bañistas pueden estar a escasos metros de estos nidos pero nadie los invade o violenta. Ni siquiera en las noches hay vigilancia para evitar, como en otros países, el saqueo de los huevos. Simplemente los miembros de la comunidad reconocen con disciplina y educación los límites, no solo del territorio de otras personas, sino también de la madre naturaleza. Nadie teme por sus pertenencias porque todos saben que si algo no les pertenece es porque es de alguien más. ¡Respeto, honestidad!

Pese a la enorme cantidad de vehículos, el tránsito fluye con normalidad debido a que los conductores optan por cumplir las reglas, como el no detenerse en medio de la intersección para sacar ventaja provocando un terrible atascadero. La consideración hacia los semejantes induce al orden conforme a normas básicas para compartir recursos. Desdichadamente no sucede lo mismo en aquellas organizaciones con ciertos miembros que se interponen con posiciones paralizantes del buen desempeño, la cooperación y la mística del servicio mutuo.

Según Maquiavelo, “no puede haber grandes dificultades donde abunda la buena voluntad”. Si analiza las situaciones internas más incómodas que su empresa experimenta, posiblemente constatará que muchas de ellas se deben a que alguien no está haciendo lo obvio, si le guiara la buena intención. Así, se creen superiores, desconsideran la dignidad de los demás, irrespetan los principios de la fraternidad y, por si fuera poco, rechazan su culpa por las disfunciones que ocasionan.

Con buena voluntad germinan la solidaridad, la responsabilidad y la rendición de cuentas; sin ella, se restringe la libertad de los semejantes que ya no pueden elegir por cuenta propia su destino o calidad de vida, al ser víctimas de los abusivos del derecho ajeno. Si cada miembro de una ciudad o empresa hace las cosas procurando el bien común, se irán erradicando el miedo, el caos y la corrupción a favor de la confianza en un mejor futuro.

La sustitución de actitudes personales agresivas, defensivas o negativas, es un imperativo para reactivar la convivencia positiva y el orgullo de ser parte de una organización, lo que se convierte en un imán para sus militantes y clientes que se contagian de la grata sensación de que convivir con valores es vivir en paz. ¿Es agradable coexistir con usted en su empresa?

 

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Los sabios… como usted

Prof. German Retana

Prof. German Retana

Los resultados extraordinarios, crecientes, responsables y sostenibles de las organizaciones no son casualidades, sino consecuencia de mentes sabias. ¿Qué distingue a empresas y personas inspiradoras por la sabiduría mostrada en sus decisiones y acciones? ¿Cuáles de esas cualidades le caracterizan también a usted?

“La gente no sigue a las empresas por lo que hacen, sino por la razón superior de lo que hacen”, indica el conferencista empresarial, Simon Sinek. No es el “qué”, ni el “cómo”, sino el “porqué” lo que nos inspira a seguir líderes. Cuando los clientes se sienten identificados con ese propósito superior, son leales y apasionados por un sueño compartido. En ese círculo de oro (por qué, cómo, qué) lo invisible (principios) determina lo visible (resultados). “Todos quieren hacer negocio con los que creen en lo que uno cree”, dice Sinek.

Lo anterior explica los problemas en que suelen meterse organizaciones y personas que pierden de vista su ideal, su sentido de misión y su propio discurso. Sin un potente e inspirador propósito, los clientes se alejan y las situaciones internas se van complicando hasta impregnarse de juegos de poder, ansiedades, ambigüedades, añoranzas por el pasado, dudas sobre el futuro, miedos y otros sentimientos tóxicos que claman por un urgente cambio de rumbo conducido por mentes sabias.

Los líderes que innovan y transforman realidades son reflexivos para ver lo que otros no perciben, prudentes para no reaccionar como los demás, y valientes para ir contra corriente. En sus cotidianos momentos de silencio maduran sus ideas, en sus diálogos se muestran hambrientos por aprender y son disciplinados para considerar cómo sienten y piensan sus semejantes, clientes internos y externos, porque saben que sin eso no habrá conexión emocional posible, que es la que, finalmente, lleva a las personas a la acción.

La sabiduría no es un monopolio de iluminados que habitan en montañas lejanas; todos la poseemos, pero a veces no la desarrollamos. Su antítesis, la ignorancia, es la mejor aliada de quienes se amparan en este flagelo social para ejercer su poder con manipulación, populismo y autoritarismo. En contraposición, los líderes sabios demuestran su sensatez al ser conscientes de lo que ignoran; pero son persistentes para liberarse de esa oscuridad y crecen aliados a su ética y coraje, con lo que alumbran el camino a seguir.

Sin éxito interno no hay éxito externo, dicen en Oriente. Todos somos ignorantes en algo, pero dichosamente no en todo al mismo tiempo; entonces, el rumbo es despertar en cada empresa un espíritu de aprendizaje mutuo, de verdadero trabajo en equipo para compartir sabiduría y de reto individual por crecer integralmente, porque los que lo logran -como usted- hacen crecer a quienes les rodean.

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Liderazgo Sherpa

Prof. German Retana

Prof. German Retana

“Los sherpas se dedican a ayudar a otros a que lleguen a la cima, así debemos ejercer el liderazgo; inspiremos e impulsemos nuestro equipo a alcanzar sus propósitos”. Así resumía el empresario Jorge Oller las lecciones aprendidas en su visita a Nepal, ante graduandos del MBA y gerentes de empresas latinoamericanas participantes en un seminario del INCAE.

¡Ayudar a otros a lograr sus metas! ¡Ser cómplices del éxito de los demás! ¡Conceder el escenario a aquellos a quienes nos debemos! Los sherpas en los Himalayas marcan la pauta sobre un modo de ejercer el liderazgo. Viven en las regiones montañosas de Nepal y sin ellos es imposible escalar el Everest u otros picos. En muchas de esas montañas, solamente los humanos y los yacks son capaces de ascender y, de hecho, estos animales no pueden sobrepasar cierto límite de altura, por lo que los sherpas asumen la doble tarea de guiar a los escaladores y cargar equipos y alimentos.

El mundo reconoce a Edmund Hillary como el primer escalador del Everest, en 1953; pero él comparte el mérito de su hazaña con Tenzing Norgay, el sherpa líder que le permitió llegar a la cúspide un 29 de mayo. Dedicados originalmente a la agricultura, los sherpas se han convertido en expertos en facilitar que otros alcancen su sueño. Sin renunciar a sus raíces espirituales, en las que destacan la armonía, la generosidad, la hospitalidad, la paz y el equilibrio, comprometen en oportunidades su vida para salvar la de sus “clientes.”

Los sherpas son entonces guía y soporte de sus propios “jefes”, quienes tienen anhelos pero no ser expertos en lo que implica procurarlos. Aquellos que deseen llegar alto tendrán que escuchar, dejarse orientar y hasta obedecer, por paradójico que parezca. Quien alcanza su cima lo recordará toda su vida, y quien le llevó a ella goza verle triunfar y además podrá alimentar a su familia todo un año con la paga que recibe. Ambos ganan, trato justo.

La fama acompaña a los que alcanzan la meta, la satisfacción interior a los que definieron la ruta. Los escaladores son temporales y otros tomarán su lugar, pero los sherpas están siempre allí, atentos para servir, inspirar e impulsar a quienes deseen llegar lejos. Así, es impactante cuando, desde las cumbres del poder o desde cualquier posición, se actúa como sherpas para ser puentes entre el presente y los sueños de quienes nos rodean.

Los líderes sherpas no claman agradecimientos ni prestigio, son como los padres y madres de familia que dedican su vida entera a hacer felices a sus hijos; como los maestros que se dan sin pensar en recompensas y como tantos miembros de organizaciones que en modo silencioso se convierten en peldaños para un éxito que a veces no es compartido con ellos.

¿Cuándo fue la última vez que usted, como líder o miembro, fue sherpa de su equipo?

 

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