CRISIS Y CODICIA*

Prof. Luis Sanz

Cuando se habla de la crisis se habla mucho de la responsabilidad de los banqueros. La semana pasada el Presidente Obama se mostraba muy molesto, y con razón, porque los banqueros en Wall Street se pagaron bonos por US$20 mil millones el año pasado. Es muy probable que en el futuro cercano veamos algún tipo de regulación en los sistemas de compensación de las instituciones financieras. Esto puede ser muy peligroso, pues puede simplemente forzar una migración del capital humano hacia otras industrias. Pero esta imprudencia en la cara de una crisis tan profunda muy difícilmente pasará desapercibida.

Pero lo que a mí me preocupa es nuestra capacidad de asignar culpas a todos los demás actores, excepto a nosotros mismos. En más de una charla sobre la crisis he hecho clara mi opinión que la responsabilidad yace no sólo en los banqueros, y sus accionistas, en las agencias de calificación crediticia, y en los reguladores, sino también en todo aquel que decidió tomar un préstamo hipotecario sabiendo que no podía pagarlo.

Es muy fácil aducir que si el banquero no hizo su trabajo y nos concedió el préstamo, entonces nosotros no tenemos culpa. Nos convencemos así que si bien la raíz de nuestro comportamiento es la misma, somos menos responsables. Esta es la parte con la que yo tengo dificultad. Si me llamo banquero soy culpable, pero si me llamo deudor no lo soy. Parece un argumento terriblemente relativo.

En los periodos de euforia que típicamente preceden a una crisis, la codicia juega un rol muy importante. Los banqueros asumen riesgos que antes no se hubieran atrevido a considerar para mantener el incremento de las ganancias. Sus accionistas ignoran estos riesgos excesivos con la esperanza de conseguir aún mayores retornos sobre su inversión. Pero también hay deudores que asumen préstamos bajo la premisa que si pagan puntualmente sus intereses, siempre podrán refinanciar el principal de los mismos.

En el sector inmobiliario esta máquina funciona mientras los precios de las propiedades continúen creciendo. Así, el valor del colateral aumenta, permitiendo endeudarse aún más, y usar los nuevos préstamos para repagar los viejos. Uno sólo debe asegurarse de pagar los intereses y esperar por la siguiente subida de los bienes raíces. Por su parte, el banco está dispuesto a correr mayores riesgos porque “sabe” que los precios del colateral seguirán subiendo. En ambos casos, la máquina de hacer dinero deja de funcionar cuando los precios se detienen, provocando la implosión del castillo de naipes.

Como decía Mark Twain ” lo que nos mete en problemas no es lo que no sabemos, es lo que “sabemos” que simplemente está equivocado“. Pero, ¿por qué gente racional y en principio conservadora de repente se transforma en un apostador ignorante de los signos de riesgos más elementales?. Bueno, es difícil resistir los impulsos cuando uno ve al vecino tomar ventaja de las oportunidades.

En la medida que más y más gente obtiene resultados increíbles la euforia colectiva se alimenta, y muy pronto es fácil convencernos que nosotros también tenemos derecho a disfrutar de estos beneficios, y de que si bien hay evidencias del peligro, esta vez será diferente. Esta vez todo saldrá bien.

Por algo será que en los períodos de crisis se ponen al descubierto muchos escándalos y fraudes tipo pirámide. Estos esquemas se sostienen mientras haya un flujo entrante de nuevos fondos. Y es precisamente en los periodos de excitación previos a la explosión de la burbuja cuando estos timadores encuentran a un mayor número de víctimas dispuestas a entregarles su dinero a cambio de resultados extraordinarios.

Claro, también es verdad que los estafadores también se han sofisticado. Tomemos por ejemplo el caso del señor Madoff. Nunca prometió resultados exóticos. No se trataba de un 30% al año, sino de tan sólo un 8%. No parece el tipo de ofrecimiento que haría un estafador desesperado, pero Madoff no lo era. Ciertamente, 8% no es escandaloso, ¿verdad? Aún cuando el resto del mundo haya tenido un resultado cercano a cero, ó incluso negativo, 8% no parece demasiado. Puede ser, hasta que uno toma en cuenta el efecto acumulado a través de los años.

Si comparamos el valor final de una inversión de 100 pesos que rinde 8% al año por 10 años con una inversión similar que rinde el 6%, es decir, una diferencia de “solamente” dos puntos porcentuales por año, la diferencia luego de 10 años será de más de un 20%. Pero claro, querer ganarnos un 8% al año no puede ser considerado codicia, ¿cierto? No se trata de los riesgos que asumimos tratando de obtener ese 8%, sino de la falta de ética de Madoff. Es él el codicioso, no nosotros.

[*] Tomado de http://blogs.capitales.com/luis_sanz

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NUESTRA RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL = RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL DE NUESTROS ESTUDIANTES Y GRADUADOS*

Prof. Luis Sanz

Para este primer comentario del 2009, tenía planeado comenzar el año hablando de la responsabilidad individual. Este fue uno de los temas que enfaticé a finales del año pasado en varias conferencias relacionadas a la crisis financiera. Pero este fin de semana decidí posponer ese tema para la siguiente entrega. En su lugar, quisiera referirme a otro que también surgió en varias de esas conferencias.

Para algunas personas, las escuelas de negocio como en la que yo trabajo (INCAE Business School), teníamos un cierto grado de responsabilidad en la crisis. Después de todo, muchos de los directamente involucrados son graduados de los más prestigiosos recintos académicos. Claro, la forma como manifestaban esta opinión era a través de una pregunta, me imagino que para no parecer muy ofensivos.

La verdad es que tienen razón. En la medida en que nosotros les transmitimos conocimientos y herramientas que fueron mal utilizados, definitivamente tenemos responsabilidad. En particular para una escuela que, como INCAE, busca no sólo formar gerentes altamente capacitados sino en realidad, líderes que promuevan con sus acciones el desarrollo sostenible de los países de la Región.

El problema con nuestra misión es que sólo tenemos un control limitado sobre lo que hacemos para alcanzarla. No importa que tan bien lo hagamos en el aula. Al final del día dependemos de nuestros graduados para lograrla. Ellos, con su labor diaria, son la verdadera medida de nuestro desempeño. Por tanto, es inevitable que cada vez que uno de ellos hace algo reprochable se refleje en su alma mater.

Pero eso también significa que nos enorgullecen cuando hacen algo positivo. Y por eso cambié el tema de este post. El domingo 25 de Enero acompañe a 12 estudiantes del MBA 54 a visitar un grupo de niños de comunidades muy pobres alrededor de Jinotega, Nicaragua. El propósito de la visita era entregar una donación a estos niños de cara al nuevo año escolar. Cuadernos y lápices para ellos, así como libros y materiales didácticos para los maestros.

Estudiantes del MBA, miembros de Facultad y administrativos de INCAE comparten con la población de Jinotega, Nicaragua.

Estudiantes del MBA, miembros de Facultad y administrativos de INCAE comparten con la población de Jinotega, Nicaragua.

Ximena, Vero, Any, Ricardo, María José, Alexander, Millán, Ezequiel, Gia, Liza, Ana Karina y Kennia hicieron el viaje de aproximadamente tres horas de ida y un tiempo similar de regreso, en representación de sus compañeros.

Entre todos, con la colaboración del personal administrativo del Campus Francisco de Sola (Nicaragua), realizaron diferentes actividades de recaudación de fondos para financiar esta donación. Esta es la segunda vez que esta generación se acerca a estas comunidades con el propósito de ayudarles y contribuir a mejorar su calidad de vida. Con pequeños gestos como este, que sin embargo dicen mucho.

¿Cuántas veces he escuchado que los graduados de las escuelas de negocios (ó de INCAE) son egoístas, que sólo piensan en hacer dinero, sin importarles nada ó nadie más? Pero por cada graduado que se equivoca, estoy seguro que hay muchos realizando acciones positivas como esta. Acciones que los engrandecen a ellos, y que nos acercan como institución al cumplimiento de nuestra misión.

[*] Tomado de http://blogs.capitales.com/luis_sanz

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