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Prisioneros en la mente

07/03/2012 in Actualidad,Gerencia,Liderazgo,Management,Trabajo en equipo | Comments (1)

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Prof. German Retana

Prof. German Retana

07.03.2012. Por el prof. German Retana. “¡Aquí nos agrada complicar lo simple! ¡Incluso ante problemas nuevos no resolvemos, solo nos devolvemos al viejo modo de reaccionar!” ¿Qué debe cambiar para que todo cambie? Como bien dice la sabiduría popular: Si queremos transformar el modo de actuar tendremos que modificar el modo de pensar. En lugar de argumentar que somos prisioneros de lo que ocurre en nuestro ambiente, debemos determinar si acaso no somos nosotros los presos de nuestra mente.

Identifique un problema muy serio que esté confrontando. Ahora verifique con profundidad lo siguiente: ¿Cree que la identificación es realmente rigurosa? ¿Es ese un verdadero problema? ¿Qué méritos tiene la situación para ser calificada como muy seria? ¿Seguro que usted es quien confronta el asunto? Aunque esté conforme con las respuestas, pregúntese de nuevo: ¿Es esta la única forma de responder estas preguntas? ¿Hay otra mejor? Y repita varias veces este ciclo hasta constatar algo curioso: llegará a una nueva definición “del tal problema”, de su magnitud y hasta de su vínculo personal en el asunto.

Sin embargo, el cambio más asombroso no ocurrió en “la situación”, sino en usted. Al observar críticamente cómo estaba definiendo la situación hubo un cambio en el enfoque, en la valoración de las cosas, en criterios para juzgar y en intensidad para pensar. O sea, usted se transformó en un observador diferente, más agudo, pragmático y sensato. A lo mejor hasta llegó a la conclusión de que no hay un problema y que ni siquiera es algo que hubiera estado bajo su ámbito de responsabilidad.

Algunas personas suelen ser reactivas ante las circunstancias, actúan sin premeditación, o son controladas desde afuera por terceros. Así es como se afectan relaciones y se deja de convivir en armonía. El dejar de ser reactivos y concentrase en “observar al observador”, evitaría ser obcecados en  la repetición de los mismos errores de siempre.

Ver las cosas en un modo diferente activa un círculo virtuoso que conduce a la madurez y a una mejor calidad de vida; se previene la proliferación de padecimientos en relaciones, actitudes negativas adictivas y el estancamiento de ideas. El premio será nuevas capacidades para descubrir lo que estaba oculto y hacer lo que antes parecía imposible.

La productividad creciente, la armonía y la habilidad de un equipo para resolver conflictos evidencian que sus miembros son capaces de innovar su modo de pensar. Entonces evitan la esclavitud en paradigmas o volverse infértiles a nuevas ideas. Pero esto solo es posible si el equipo aprende a observarse a sí mismo, a conversar con profundidad y transformar sus interpretaciones de la realidad con más sabiduría, la llave para abrir la celda mental en que a veces nos enclaustramos. ¿Usted se observa o solo mira hacia fuera?

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¡Gente de trato fácil!

29/02/2012 in Actualidad,Competitividad,Empresarialismo,Gerencia,Innovación,Liderazgo,Management,Trabajo en equipo | Comments (0)

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Prof. German Retana

Prof. German Retana

29.02.2012. Por el prof. German Retana. La alta fluidez de las relaciones en un equipo determina los resultados extraordinarios crecientes y sostenibles que obtiene. ¿Qué cualidades tienen las personas que inspiran a sus compañeros a alcanzar metas superiores? ¿Por qué con su “trato fácil” logran ser tan efectivas en beneficio de la organización?

“Mi jefe me hace sentir importante, valorado, cada vez que le hablo; me transmite mucha paz y percibo que me respeta con sinceridad. Con su serenidad para discernir sobre lo que le planteo me convence de que quiere lo mejor para mí; es considerado, sin dejar de ser exigente con los resultados”. ¿Dirían esto de usted sus colaboradores y compañeros más cercanos? Esa inspiradora paz interior nace en la ausencia de aferramientos a vanidades, ego desbordado y enfados que rozan en  ira. Si se equivocan rectifican sin hacer dramas.

Una persona de trato fácil comprende el beneficio de perdonar, de ser comedida al asignar responsabilidades por hechos no positivos y de pasar la página sin rencores inútiles. Su sencillez infunde cercanía, confianza y diálogo edificante, pese a lo difícil que puede ser el contenido del mismo. Ve el lado bueno, rescata las oportunidades y lo que se puede hacer, en lugar de atraparse en marañas de tristezas, preocupaciones, angustias o ansiedades. Del pasado conserva lecciones, del futuro toma los retos, pero se concentra tanto en el presente que se la pasa ocupada en alentar y construir un ambiente positivo alrededor suyo.

La convicción de construir siempre algo bueno, evita que estas personas pierdan tiempo en enfados improductivos y en discusiones con mentes necias. Trascienden a pequeñeces, apego y dependencias emocionales. Ellas saben que quienes padecen arrogancia se molestan por todo lo que no es como ellas desean, entonces actúan con humildad,  simplicidad, sensatez, paciencia y determinación en lo que creen.

Ser de trato fácil no debe confundirse con debilidad para defender ideas. Al contrario, la profundidad de análisis que caracteriza a estas personas se origina en su disciplina para reflexionar con minuciosidad sobre su papel en el equipo y en la comunidad. Viven en un constante diálogo consigo mismas, exhiben una sólida inteligencia emocional y son tan fuertes en su vida interior que pocas cosas externas les tambalea su ecuanimidad.

La paradoja es que este tipo de personas resultan incómodas para las personas de trato difícil, atrapadas en el descontrol de sus propias emociones o derrotadas por sus temores. Ahora, analícese y defina de qué tipo de trato es usted. ¿Está en el bando correcto? Si desea gozar de una buena salud física y mental, de alta calidad de relaciones, de humor fino y de ser arquitecto de un ambiente de trabajo más estimulante para los demás, afiance su membrecía en el club de la gente de trato fácil.

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Ante juicios con prejuicios…

17/02/2012 in Actualidad,Competitividad,Empresarialismo,Gerencia,Liderazgo,Management,Trabajo en equipo | Comments (4)

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Prof. German Retana

Prof. German Retana

17.02.2012. Por el prof. German Retana. ¿Alguna vez le ha correspondido ser el “pato de la fiesta”? Es decir, la persona tratada con absoluta injusticia en su organización cuando el resto necesitaba un “chivo expiatorio”. Si mantuvo su ecuanimidad, paz interior y conciencia serena, es porque posee una sólida fuerza espiritual y la virtud de ser inmune a la influencia de los negativos.

Convivir con personas de pensamiento superficial, que ocultan su baja autoestima y la fragilidad de sus convicciones detrás de la máscara de intransigentes, no es nada sencillo. Se aceptan poco a sí mismas, arman tempestades por insignificancias y emiten juicios plagados de resentimiento, frustración y amargura. Son prisioneras de sus emociones destructivas, de allí sus relaciones basadas en la desconfianza hacia los otros y en la insatisfacción con casi todo lo que les rodea. Tienden a descalificar, sospechar y degradar las intenciones de los demás. ¿Será que piensan que los otros son como ellos?

El riesgo de contagio es altísimo. Sin darnos cuenta, comenzamos a hablar demasiado de esas personas, les convertimos en el centro de nuestro pensamiento y les regalamos el control remoto de nuestro tiempo y emociones. Nos irritan, drenan energía y aniquilan el disfrute por lo que hacemos.

Ante tantos embates urge comprender que esas actitudes terminan envolviendo a dichas personas, y que es poco lo que logramos con razonamientos o llamados a la serenidad. Ya están atrapadas por su irracionalidad. Es mejor ponernos a salvo y dar prioridad a trabajar por nosotros mismos, sin hacer el papel de redentores de quienes libran una batalla íntima.

El primer paso es fijar la brújula hacia nuestro propio ser para reafirmar la libre autodeterminación de pensamiento. Si éste es basado en valores, reaccionaremos con paciencia ante los juicios con prejuicios, pues no hay prisa para que nos den la razón que ya la conciencia nos ha otorgado. Luego vendrá el pulso entre una mente abierta, calma y clara, con una cerrada u obcecada; ganará la que tenga más fuerza espiritual, profundidad de criterio y sabiduría para discernir. La primera es libre y hará de la paciencia su llave para intentar abrir la segunda, que es esclava de la arrogancia, el autoritarismo y el descontrol.

La paciencia es una semilla hacia la reconciliación, una dosis de coraje, un acto de benevolencia hacia quienes están afligidos por sufrimientos internos e inocultables contradicciones. Los pacientes enaltecen el respeto por sí mismos y en su aparente debilidad está su fortaleza. No se desentienden de quienes les atacan con prejuicios, pero comprenden que para resolver las situaciones creadas por las personas difíciles, hay que tomarles distancia, evadir su obstinación y reaccionar con altura, protegiendo así su dignidad, pese a los ataques de quienes actúan sin integridad.

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¡Fue teté!

14/02/2012 in Actualidad,Gerencia,Liderazgo,Management,Trabajo en equipo | Comments (0)

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Prof. German Retana

Prof. German Retana

14.02.2012. Por el prof. German Retana.  ¿Recuerda aquel juego infantil en el que se cantaba “¡Yo no fui, fue teté, pégale, pégale, que ella fue!”? Es curioso que, con diferentes palabras y ritos, la búsqueda de alguien a quien achacarle un mal colectivo, sigue vigente en diversas organizaciones. El resultado es que quienes inculpan a otros apaciguan temporalmente su conciencia, pero solo para repetir luego, sin solución del problema de fondo, el mismo comportamiento.

Si una persona carga emociones negativas (“basura mental”) que le estorban, le impide estar cómoda y pensar con serenidad, buscará un “basurero” para deshacerse de ese agobio. Cuando una multitud en un estadio de fútbol está frustrada por el resultado adverso, tenderá a identificar a un jugador o árbitro en quien depositar su enojo, ira, amargura, frustración y otras emociones negativas, calificables, a lo mejor, como “basura emocional”.

En similar modo, si en una empresa las cosas tienden a agravarse y la incertidumbre, malestar y desmotivación se incrementan, se corre el riesgo de buscar a quién echarle la culpa creyendo que con eso todo se soluciona. Se especula sobre nombres, se estigmatizan personas, su acrecientan rumores y el hambre por buscar la víctima de turno se exacerba. Por fin, se le pone nombre al asunto, se desahogan los sentimientos en contra de esa persona y el sedante colectivo hace efecto, pero, apenas por unos días, cuando se verifica que esa medida no dio resultados. Entonces viene una segunda ola de emociones contaminadas con chismes, decisiones disparatadas, acusaciones directas, autoritarismo, rabietas, formación de bloques antepuestos, despidos, sanciones, etc. Resultado: pérdida de sentido de pertenencia, resquebrajamiento de relaciones, actitud defensiva, irritación y eventual obcecación en algunas esferas, como en la alta dirección.

Especialistas como el Dr. Edgardo Maya, señalan que, en situaciones así, surgen las proyecciones: vemos en otros facetas desagradables de nosotros mismos que no reconocemos o aceptamos conscientemente. La urgencia de deshacernos de esa parte propia y desagradable nos lleva a afectar incluso personas inocentes. El producto de todo lo anterior es una enfermedad colectiva, una epidemia emocional, una organización que pierde su salud.

No habrá proceso de sanación sin un alto en el camino que implique: (a) humildad de cada actor para aceptar su responsabilidad en el tanto que le corresponde, (b) reconocimiento individual ante los otros de un compromiso explícito de cambio, (c) reanudación de relaciones afectadas, (d) plan remedial colectivo con el incondicional apoyo de todos, (e) verificación periódica de avances y (f) líderes y miembros sustentados en valores, en la ecuanimidad, el sano discernimiento en las decisiones y en la humildad para inspirar al equipo a renovarse, sudar la camiseta y dejar atrás toda “basura emocional colectiva”.

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De la locura a la cordura

02/02/2012 in Actualidad,Coaching,Competitividad,Empresarialismo,Gerencia,Liderazgo,Trabajo en equipo | Comments (0)

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Prof. German Retana

Prof. German Retana

02.02.2012. Por el prof. German Retana. “Para trabajar en equipo, puede ser necesario dejar de trabajar en equipo“, con esta paradoja, el autor Santiago Álvarez de Mon, insinúa la razón de algunos males que padecen las organizaciones. Cuando el pensamiento crítico y la individualidad se “anestesian” para priorizar la voluntad, o caprichos, de unas pocas personas, el riesgo de caer en crisis es alto.

En un ambiente de temor para expresarse, o en otro en el que se confunde discrepar con deslealtad, los resfríos se convierten en pulmonías. Estos son terrenos fértiles para la irracionalidad, la manipulación y la superficialidad. En aras de no ser calificados como “problemáticos” y de no arriesgar beneficios, aquellos que podrían advertir rumbos equivocados se alejan de los que dirigen y se ocupan de sí mismos. Así, poco a poco unos alineados se convierten en alienados, las cosas empeoran y el abismo se aproxima.

Por supuesto, los líderes deben gozar del apoyo de los miembros de la organización porque deben tomar decisiones que serán puestas en acción por todos. Pero si ese apoyo se transforma en obediencia involuntaria, en enajenación, en transar la libertad de criterio y la dignidad individual, entonces allí germinarán las semillas del caos. Solo es cuestión de tiempo para arribar a un estado de cierta “locura”, desasosiego colectivo y de multiplicación de decisiones que indican, claramente, que ya no se puede estar peor.

Un verdadero líder no es solo quien es seguido por los demás, sino quien guía con la brújula de valores edificantes hacia un destino ético. Además, reconoce sus limitaciones y se rodea de personas que desafíen su intelecto. En una ocasión, solicité a un cercano exalumno de INCAE que le diera un consejo a los nuevos estudiantes para cursar con éxito su MBA; German F. Retana les dijo: “simplemente asuman que sus compañeros son más inteligentes que ustedes y déjense ayudar“. El trabajo en equipo entre personas pensantes conlleva respeto mutuo, análisis, apertura para innovar y sinergia de ideas. El margen de error en acciones y relaciones disminuye si se comparten valores y una misión honorable.

Así, se evaden situaciones caóticas cuando cada miembro del equipo es proactivo para vacunarse contra la pereza de pensar, mantiene la integridad de su pensamiento y asume su cuota de responsabilidad individual por el desempeño del equipo. Claro, suponiendo que sus jefes comprenden que no es necesario llegar a situaciones de “locura” para tomar conciencia y regresar a la cordura. Es una pena, pero hay organizaciones que solo cuando tocan fondo recuperan su humildad y su sensatez, lo que permite sacar de nuevo la mejor versión de sus líderes y miembros, para volver a la senda de la lucidez, de lo correcto y del alto desempeño.

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