Ecuador y los dilemas del desarrollo sostenible
Prof. Luis Sanz. Decano Asociado de Programas de Maestría.
Leyendo en días recientes el libro SuperFreakonomics me encontré con que los autores le dedican bastantes páginas al tema del cambio climático. Además de analizar diferentes perspectivas sobre el tema y resaltar lo complicado de lograr un consenso, desde la perspectiva de análisis económico mencionan como al final del día se trata de un tema de alinear intereses.
Esto me resultó interesante a raíz de la suscripción por parte de Ecuador y del PNUD del Fideicomiso para la Administración del Fondo Yasuni-ITT. A través del mismo, Ecuador se compromete a no explotar 846 millones de barriles de petróleo que se encuentran en esta reserva natural, a cambio de recibir US$ 3.600 millones en los próximos 13 años. Este monto se destinaría a financiar la conservación en el país de 44 áreas protegidas, así como a desarrollar proyectos energéticos de fuentes renovables.
Lo que para algunos no es más que un chantaje ecuatoriano al mundo, se trata en realidad de la admisión a escala internacional que la única forma de solucionar el problema del cambio climático es internalizar los beneficios de preservar el ambiente. Para un economista estamos en presencia de una externalidad cuando una acción tiene consecuencias positivas ó negativas para otros agentes que no están involucrados directamente en la decisión.
Este es precisamente el dilema de Ecuador: no explotar estas reservas petroleras privan al país de recursos que podría destinar a mejorar la calidad de vida de su gente, mientras que los beneficios medioambientales los disfrutamos todos. No sorprendentemente, es muy posible que el país no conserve lo suficiente a menos que sea compensado por hacerlo, y esto es precisamente lo que busca el Fideicomiso: que entre todos los que nos beneficiamos, le demos los incentivos correctos a Ecuador para comportarse de la mejor manera.
El problema de los incentivos individuales y colectivos yace en el meollo de nuestra dificultad para acordar acciones decisivas contra el cambio climático. Al leer artículos como los de mi colega Felipe Pérez en este blog (ver aquí), es difícil discutir la lógica. Pero entonces, ¿por qué nos cuesta tanto solucionar el problema? ¿Por qué fracasó Copenhague? ¿Por qué necesitamos iniciativas como la Yasuni-ITT? Porque si bien todos estamos de acuerdo en que hay que cuidar el ambiente, en el fondo se trata de un intercambio: a nivel individual, compartir vehículo para reducir las emisiones de CO2 se hace al costo de perder la flexibilidad de desplazarnos cuándo y a dónde queramos.
Así las cosas, no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Lo mismo pasa con el desarrollo de los países emergentes. La clave se encuentra entonces en desarrollar soluciones creativas a este problema. Si este fideicomiso es un paso en esa dirección, sólo el tiempo lo dirá. Pero en lugar de criticar el principio, deberíamos pensar más bien en cómo mejorarlo.