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Personalidades abrasivas

12/10/2010 in Actualidad | Comments (2)

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Prof. Guillermo Edelberg DBA. Profesor Emérito, INCAE Business School.

Prof. Guillermo Edelberg

Prof. Guillermo Edelberg

La noción de que el negocio de la publicidad se basa en las relaciones se vio reforzada la semana pasada cuando se dio fin a los tumultuosos seis meses de Rick Hadala como CEO. El presidente de la empresa dijo que su salida se debió a diferencias irreconciliables. Otros ejecutivos señalaron que la personalidad abrasiva de Hadala alienaba a empleados y clientes y fue la causa principal que condujo a su despido el lunes último. (J. Dini, Adweek. Nueva York: 12 de abril de 1999)

¿Qué es lo que caracteriza a una personalidad abrasiva (abrasive personality)?

El Diccionario de la Real Academia Española no se refiere a una personalidad sino a un producto abrasivo y dice así: “que sirve para desgastar o pulir, por fricción, sustancias duras como metales, vidrios, etc.” El diccionario Merriam-Webster online se acerca más a lo que implica el episodio arriba citado y en una de sus acepciones dice que abrasivo es aquel “que causa irritación”. Luego agrega algunos de sus sinónimos tales como: molesto, fastidioso, exasperante.

El adjetivo “abrasivo,” en el sentido de estas líneas, se encuentra con cierta frecuencia en la literatura especializada en inglés ―se dice que Margaret Thatcher, Prime Minister de Gran Bretaña de 1979 a 1990, hizo del ser abrasivo una virtud― y poco o nada en castellano; pero ya sea en uno u otro idioma la mayoría de los integrantes de las organizaciones se topa tarde o temprano, aunque tal vez denominándolo de otra manera, con alguien que demuestra serlo.

El Profesor Harry Levinson escribió un conocido artículo donde se refirió a este tipo de personalidad. Dijo en esa oportunidad que una persona abrasiva parece tener la habilidad innata de «agredir» a otros de una manera irritante y a veces dolorosa; pero que esa habilidad enmascara la necesidad de ser perfecta. Agregó que esa persona tiene otras características que al combinarse con esa necesidad crean el comportamiento que ofende a los demás. (Harvard Business Review, The Abrasive Personality. Boston: mayo-junio de 1978)

La persona dotada de una personalidad abrasiva es en general muy inteligente. Su pasión por lo perfecto, preciso y completo la lleva a autoexigirse en forma extrema. Se puede confiar en que haga un buen trabajo y, a menudo, en forma espectacular. Tiende a realizarlo personalmente; no le es fácil apoyarse en otros porque no confía en que estén a su nivel. Tiene poca paciencia con los temas y preguntas que le parecen elementales o irrelevantes ―los aparta con poco tacto― y delega poco y nada, lo cual hace que los demás se intimiden y sientan que no pueden competir con ella.

Con frecuencia es muy analítica y capaz de llegar al nudo de una cuestión; pero se torna impaciente con quienes no piensen tan rápido o se expresen en forma tan clara y directa como ella lo hace. Así, su habilidad para el análisis tiende a superar la habilidad de liderazgo que se necesita para poner en práctica las respuestas o soluciones que genera.

“Aquel que posee una personalidad abrasiva tiende, al rivalizar con los demás y tal vez sin darse cuenta, a devaluarlos. En los grupos tiende a dominarlos y trata las diferencias como desafíos que deben ser debatidos y vencidos. Tiene un gran interés emocional en sí mismo. Necesita verse como una persona extraordinaria y actúa a veces como si fuera una persona poseedora del derecho a ser diferente o agresiva. Aparenta tener conocimientos enciclopédicos, con frecuencia ha leído mucho y quiere saber cada vez más. En ocasiones, otros integrantes de la organización tratan de alcanzar su nivel; pero terminan abandonando el esfuerzo especialmente si siempre les gana”.

La presencia en una organización de una persona con estas características, que por un lado contribuye al logro de determinados objetivos y por el otro crea problemas en sus relaciones con los demás, hace ver la necesidad de modificar su comportamiento. R. Hicks y J. McCracken, en un artículo titulado Coaching the Abrasive Personality (Physician Executive. Tampa: septiembre-octubre de 2009) dicen que para esto se necesita hacer lo siguiente: a) ayudar a dicha persona a ver claramente la realidad; o sea, el impacto que causa en los demás. A tal efecto es útil proveer retroalimentación basada en datos objetivos y no en evaluaciones tal vez manipuladas; b) aprovechar las razones que lo puedan impulsar a un cambio de comportamiento. Lo primero es conocer qué le interesa o qué valora y luego establecer una conexión significativa entre lo que le interesa o valora y el cambio de comportamiento deseado; y c) aprovechar su espíritu competitivo y «desafiarlo» a ver si es capaz de modificar su comportamiento.

Después de leer estas líneas, quizá a algún lector le surja una inquietud: “¿y si soy uno de los que tienen una personalidad abrasiva sin saberlo?” Para despejar esta duda los especialistas han diseñado cuestionarios. Algunas de las preguntas que formulan son las siguientes (T. Pollock, Do you have an abrasive personality? Production. Cincinnati: junio de 1993)

¿Dominan mis comentarios las reuniones de las que participo?

¿Me sorprende saber que la gente me considera frío y distante?

¿Necesito siempre discutir? ¿Se transforman habitualmente las discusiones en debates?

¿Critico en forma condescendiente? ¿Digo que los voy a corregir cuando hablo de otros?

¿Me apuro a atacar o desafiar?

¿Me considero más competente que mi jefe o mis pares? ¿Doy a entender esto a través de mi comportamiento?

Aquel con se descubra con una personalidad abrasiva debe saber que arriesga que su jefe le diga lo que en el romance popular(1): mirá que traig’ un estrilo(2) / fulminante en la cabeza, / y si seguís machacando / v’a calentarse la mecha / y es fácil de que reviente / la bomba de la pasencia.

www.guillermoedelberg.com.ar

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1 Los cabreros, 1913. Autor: A. G. Villoldo (cabrero: en el habla popular, malhumorado, irritado)

2 Estrilo: rabieta, enojo, enfado.

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