INCAE: Un sueño ambicioso que transforma vidas | Maestrías INCAE

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INCAE: Un sueño ambicioso que transforma vidas

18 de Febrero del 2013
Arturo Alfaro Arrieta MBA INCAE 2012. Costa Rica

Hace 19 años, siendo solamente un niño, de la mano de tía Sonia, encargada de la biblioteca de Incae, y con los ojos plenamente abiertos caminaba por el espacio entre los cubículos individuales de la biblioteca y los estantes saturados de conocimiento y páginas gastadas por dedos y pestañas de decenas de líderes que habían pasado por el campus y algunos valientes que apenas comenzaban la odisea. En ese momento miré a mi tía convencido y con la inocencia de cualquier niño que sueña con profesiones difíciles de alcanzar -astronauta de la NASA, presidente, investigador en expediciones de Jacques Cousteau – le dije ambiciosamente: yo quiero ser Incaista cuando sea grande.

Pasaron los años y mi sueño seguía plasmado en mi mente, sólo que ahora con una visión diferente y ampliada acerca de mis expectativas: yo quería convertirme en un líder regional. Incae me ofrecía la oportunidad de aumentar mi capacidad de influir positivamente sobre mi entorno, aprender a gestionar negocios, incentivar el desarrollo de las organizaciones y sobre todo, a conocer individuos con aspiraciones similares a las mías.

Después de un proceso competitivo, ingresé al programa de maestría. Encontré un escenario desafiante intelectual y personalmente, pero a la vez, una oportunidad de alcanzar un estado de madurez mental que difícilmente lo hubiera podido conseguir en otro lugar. Al pasar los meses y entre tímidas participaciones guiadas por catedráticos del más alto nivel, fui estructurando conceptos y métodos de análisis, forjando criterios y puntos de vista que me llenaron de seguridad para tomar decisiones a niveles que nunca antes imaginé.

Discusiones hasta la madrugada, lluvia de ideas, fatiga, debate, innovación, consenso: la mejor propuesta. Qué orgullo poder formar parte de grupos multiculturales y polifacéticos en estas aulas, donde el ímpetu y la terquedad por hacer las cosas bien son los incentivos de cada jornada de trabajo intenso. Mejor aún, poder construir amistades verdaderas producto de un convivio multidimensional donde el estudio intenso, la fiesta alegre y el deporte limpio se conjugan en una experiencia única, que luego de veintiún meses no dejan más que un sentimiento que se mece entre la nostalgia de cerrar el mejor capítulo de mi vida y empezar a escribir uno nuevo.

Aún con la incertidumbre que provoca colocar las primeras palabras del nuevo capítulo, es reconfortante saber que existen historias de éxito que demuestran la capacidad Incaista de cambiar el panorama mundial. Insto a Incae y a mis colegas a exacerbar la explosión creativa de ideas en pro de cambios disruptivos que impacten positivamente nuestra sociedad. Necesitamos promover negocios bajo un enfoque responsable social y ambientalmente, comprendiendo que tenemos en nuestras manos la poderosa herramienta del discernimiento para gestionar recursos de una manera estratégica, ética, y sostenible.

Albert Einstein dijo: “es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación formal”. INCAE debe vivir esta afirmación y recordar que el mayor impacto no se logra en las aulas, sino en complementos que promueven la curiosidad y la innovación: vale más el hacer que el quehacer.