El Antes, el después y el Ahora | Maestrías INCAE

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El Antes, el después y el Ahora

24 de Mayo del 2013
Randall Trejos

Como muchos grandes eventos de la vida, graduarse de un MBA después de dos años de esfuerzo es algo que sólo adquiere sentido en retrospectiva. Sin embargo, a dos semanas del día que marcará un antes y un después en la vida de 94 de nosotros, vale la pena pensar en esos dos lugares: el antes y el después. Como ese momento cuando faltan unas horas para la media noche en el 31 de Diciembre y pensamos en lo que logramos en el año, y lo que queremos para el próximo. Esas fechas importantes sirven de corte, no porque el corte signifique nada sino porque permiten ver hacia atrás y ver hacia adelante.

El Antes

Quizá este es un buen momento para recordar por qué entramos aquí para empezar. Nunca la razón que recordamos para hacer algo es la que sostenemos para darle valor una vez recorrido el camino. Simplemente porque antes de empezar no teníamos ni idea de en lo que nos estábamos metiendo. Algunos entraron por avanzar en su carrera, otros por trabajar en la empresa familiar, otros para moverse a otra área profesional.

Lo cierto es que sea cual sea la razón que llevó a inscribirse en el programa, vale la pena revisitarla, para ver qué tan empolvada está o qué tan vigente sigue, porque es fácil perder de vista el objetivo inicial en medio de un día a día exigente. Si encontramos que ese motivo sigue tan fuerte como hace dos años, excelente, estaremos más cerca de nuestra meta inicial. Pero si, como muchos, encontramos con que el camino de alguna manera nos marcó y cambió nuestras prioridades, este momento es el de imaginarnos un nuevo después.

El Después

Un MBA, es más que un título que representa una buena preparación para administrar empresas; es una responsabilidad que se adquiere con nuestra sociedad. Ser tomador de decisiones a nivel empresarial o político es un rol privilegiado que implica que las consecuencias de mis actos serán magnificadas por la cuota de poder que nos es concedida.

Al ver hacia adelante, vale la pena pensar en el precio que tiene aquello que recibimos producto de nuestro esfuerzo de dos años. Todos somos dueños de nuestras vidas para hacer con ellas lo que queramos, pero es necesario dimensionar que una vez allá afuera, ejerciendo hasta el más leve liderazgo, nuestras decisiones afectarán a un número creciente de personas. Es decir, de alguna forma no sólo nos debemos a nosotros mismos, sino que también nos debemos a los demás.

¿Y Ahora?

Lo que nos lleva a qué es lo que hacemos hoy. Una vez escuché una frase que cambió mi perspectiva sobre la importancia de lo que hacemos en nuestros 20’s: “Los hábitos que formes hoy, estarán con vos el resto de tu vida”. Aunque tendemos a pensar que podemos cambiar más adelante, la verdad es que aquello que nos acostumbramos a hacer define quienes somos, sin importar que sean estas acciones intencionales o automáticas.

Si pensamos un poco quizá encontremos ejemplos; aquellos que solían criticar destructivamente a las personas, continúan haciéndolo años después en sus trabajos, quien acostumbraba ser el gracioso(a) de la clase, termina ejerciendo ese mismo papel en las organizaciones y el que no hacía parte de su trabajo en las asignaciones grupales sigue siendo una carga para sus compañeros años después.

A veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que el ahora es sólo un peldaño para el después, y que lo que hagamos hoy realmente no cuenta de mucho porque mañana, cuando sí es en serio, vamos a actuar diferente. Sin embargo es un hecho que el mejor indicador de la conducta futura es la conducta pasada. Así que empecemos a actuar desde ahora, como la persona que queremos ser mañana, y hagamos que sea en serio, hoy.