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El punto negro

30 de Noviembre del 2016
Autor Fuente: 
German Retana

 

Un día, según una anécdota popular,  un maestro sorprendió a sus alumnos indicándoles que les iba a hacer un examen sorpresa. Así, les colocó en sus escritorios una hoja blanca con un punto negro en el medio, y les solicitó describir lo que veían. Todos, excepto uno, se concentraron en analizar, interpretar y extrapolar el significado del punto, y de su ubicación en el papel. Solamente uno centró la atención más en el blanco de la hoja que en ese diminuto punto negro.

 

De igual modo, en las organizaciones, algunas personas tienden a captar  y a señalar con facilidad los detalles “negativos” o los “defectos” de los otros miembros del equipo. Son tan minuciosas que, incluso al analizarse,  su autocrítica las lleva al extremo de no creer en sí mismas.

 

Esa falta de proporción a la hora de valorar  las situaciones afecta el clima laboral, lesiona el sentido de pertenencia y merma el ánimo de ser parte activa en la búsqueda de la consecución objetivos.  Además, como resultado de esa desaforada inclinación hacia lo negativo, se cometen injusticias en la evaluación del desempeño.

 

Tal como indica Einstein: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, pasará toda su vida pensando que es un inútil“. No obstante, hay evaluaciones del desempeño que incurren en ese mismo sesgo.

 

Quienes lideran los equipos deben demostrar sensatez al emitir juicios de valor acerca de sus dirigidos. Toda persona tiene, dicho elegantemente, “oportunidades de mejora”. Pero también posee virtudes que agregan valor al equipo. Concentrase solo en las primeras, desanima a cualquiera. La ausencia de balance entre unas y otras es una de las causas más poderosas de la desmotivación laboral.

 

Las empresas se beneficiarían si dedicaran sesiones de trabajo a la identificación de las cualidades que las caracterizan, eso elevaría la autoestima colectiva. También, los líderes podrían  hacer una lista de las fortalezas de cada miembro del  equipo; a lo mejor, así no se excederían en valorar o emitir juicios de valor, ni se obsesionarían en criticar  los defectos que, de seguro, existen.

 

Si no pasamos por alto los pequeños defectos de los otros, jamás podremos disfrutar de sus grandes virtudes, diría  el poeta Khalil  Gibran. Las personas y los países prosperan más multiplicando sus fortalezas  que corrigiendo sus falencias.

 

¿Cuál es la orientación de la cultura en su organización: ver el blanco de la hoja o el pequeño punto negro? ¿En qué priorizan usted y el líder de su equipo: en el orgullo por lo que hacen bien o en la recriminación por los errores que cometen? ¡Tenga cuidado! En usted o en su empresa podría confirmarse la afirmación  de San Francisco de Sales: “Rebuscar los defectos ajenos es signo de no ocuparse de los propios.”

 

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