¡El responsable soy yo! ¿Lo crees? | Maestrías INCAE

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¡El responsable soy yo! ¿Lo crees?

12 de Diciembre del 2016
Autor Fuente: 
German Retana

 

Por más que se disfracen o escondan las verdaderas razones de  la falta de éxito o de los problemas, estas, tarde o temprano, se manifestarán. ¿De qué dependerá nuestra reacción: de etapas vividas, madurez o de la comprensión de que mucho de cuanto sucede en nuestro exterior es reflejo de situaciones interiores? Orientados por el psicoterapeuta Edgardo Maya, identificamos tres opciones alusivas a las actitudes que se asumen ante la responsabilidad por resultados adversos.

 

Opción “otros”. Culpamos a la mala suerte, a las circunstancias externas  (estrategia de los competidores), a las decisiones gubernamentales, al clima y a otros actores del entorno. Incluso, atribuimos los males al comportamiento de los clientes y a los propios colaboradores internos. Es decir, responsabilizamos a “alguien” o a “algo” de lo que sucede, lo cual induce al autoengaño y a ocultar los motivos reales.

 

Tal actitud podría tener como origen la falta de aceptación de limitaciones propias, la rigidez de pensamiento estratégico, la incompetencia para modificar decisiones ya tomadas, la intolerancia a reconocer errores, la resistencia al cambio, el escaso espíritu innovador, la desactualización de capacidades y el comportamiento poco previsivo, entre otras “sombras”. Consecuentemente, ese entorno seguirá “controlando” los resultados y, por ende, aparecerá la autovictimización.

 

Opción “usted”.Le ponemos nombre y apellido -ajeno al nuestro- a lo malo que sucede. Se crean “personajes” específicos a los que se les atribuyen las calamidades: “el jefe zutano”, “el vago tal”, “el irresponsable aquel”, “el trabajador fulano”… Ellos sirven como pararrayos directos y visibles, a quienes, inconscientemente, recriminamos por algo que -en  realidad- sucede en nosotros mismos.

 

El hijo culpa a su padre, el gobierno al líder de la oposición, el jefe a su colaborador “x”, el gerente de mercadeo al de operaciones, el sindicato al gerente general y el jugador a su técnico. En el fondo, puede estar sucediendo que esos “ustedes” solo sean un espejo de  decisiones y actitudes  que rechazamos de nosotros mismos, pero que descargamos en alguien más: así nace el chivo expiatorio.

 

Opción “yo”. Incurren en las opciones anteriores personas que viven en estado de negación de su realidad.  En cambio, optan por el “yo soy el responsable” quienes se apropian de lo que antes proyectaban en otros. Estos se vacunan contra los delirios de perfección y aceptan ser los únicos responsables de lo que les sucede.  Conversan con su yo interior, admiten su verdad y dejan de fingir ser lo que no son.

 

Por difícil que sea, esta tercera opción libera tensiones, evita depresiones, sanea el ambiente laboral  y nutre la mística del equipo. La autenticidad se impone sobre el maquillaje y las máscaras ilusorias. Los miedos abandonan la clandestinidad. Se hacen conscientes las proyecciones y se asume la responsabilidad de rectificar.

 

Las tres opciones conviven en toda persona y empresa, ¿cuál predomina en su caso?

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