Tiempo para Pensar | Maestrías INCAE
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Tiempo para Pensar

25 de Octubre 2012
Randall Trejos

Henry Ford solía decir que contrataba gente capaz de resolver los problemas cotidianos de su empresa porque eso le dejaba tiempo a él para hacer cosas más importantes, como por ejemplo pensar. Al enfocarnos la idea de Henry Ford no debemos inferir que creía menos de sus colaboradores ni que estuviera diciendo que para resolver problemas cotidianos no se requiriera pensar. Como uno de los más exitosos empresarios de la historia, reconocía que la genialidad, aunque puede llegar de chispazos, siempre debemos ponernos en el camino de las chispas. Tener ideas, o dicho de otra forma, crear, implica procesos distintos de los que usamos para resolver nuestras tareas cotidianas.

Aprendiendo a aprender.

No cabe duda que aprender es fundamental para cualquier cosa que aspiremos hacer. Tenemos que saber qué han hecho otros antes que nosotros, obtener las herramientas que ya están disponibles para resolver problemas y hasta aprender de los errores de los demás. Cuando vamos a la universidad, estamos apostando por este proceso. Aprender cosas. Cosas que están en libros, en casos, en la cabeza del profesor. Leemos, discutimos al respecto y nos toman exámenes en los contenidos. En el mejor de los casos, nos ofrecen situaciones hipotéticas donde debemos aplicar ese conocimiento para resolver una situación concreta. Todo eso hacemos en INCAE, y a un nivel de exigencia que reta a la mayoría de nosotros. Ahora todo lo que necesitamos es, en el sentido de Ford, tiempo para pensar.

Cuando uno se sienta a preguntarse.

El nivel de exigencia está pensado para sacar lo mejor de la gente, y está muy bien pensado. Es hasta que nos retan, digo realmente nos retan, que logramos descubrir lo que podemos hacer. Nadie descubrió nada ni logró nada realmente grande en la vida estando en su zona de confort, dando el mínimo para ir sobreviviendo. El subir las apuestas, el que nos exijan más, hace que demos más y que volvamos a mover la frontera de lo que creíamos posible. Pero esa es una de las caras necesarias para crear grandes cosas, la otra viene de esa genialidad que hablábamos arriba. Y esa se cultiva teniendo tiempo. Tiempo para preguntarse ¿por qué nadie ha hecho algo así antes? ¿Por qué tenemos que conformarnos con que las cosas sean así?, ¿habrá una mejor forma de hacer esto? Ese tren de preguntas algo filosóficas y que no tienen por lo menos al principio, un asidero práctico, pero que no por eso dejan de ser necesarias. Otras preguntas igualmente fundamentales son ¿Qué quiero hacer con mis 8 horas diarias? ¿Cuál me gustaría que fuera mi legado? ¿Cómo voy a cambiar el mundo? Nunca nadie perdió por pensar en muy grande, pero muchos dejaron de ganar por no atreverse a hacerlo.

El oficio de tomar decisiones.

Debemos siempre cultivar el tiempo para pensar y hacernos preguntas. Un tiempo para dar chance a la genialidad de que se nos ocurra una idea brillante. La creatividad rara vez aparece en medio de una carrera para cumplir una fecha límite. En INCAE, como en cientos de escuelas de negocios en el mundo, más que aprender una carrera, estamos practicando el oficio de tomadores de decisiones. Sea finanzas, operaciones, recursos humanos, sea en un banco, una empresa de manufactura o una consultora, la posición que ocuparemos muy probablemente estará centrada en tomar decisiones. Y para este oficio se requieren proporciones parecidas de conocimiento y pragmatismo, de saber y de genialidad, de inteligencia y habilidad emocional. Ya estamos cultivando las primeras, tomemos el tiempo de practicar las segundas.
Administración de Recursos.

El tiempo, probablemente el recurso más valioso que tenemos es sobre el que la mayor parte de las veces rendimos el control. Cuando decimos “no tengo tiempo” ¿qué estamos diciendo realmente? El tiempo siempre está, lo que varía es cómo decidimos invertirlo y cómo administramos nuestras prioridades. Entendemos que se trata un recurso escaso y valioso, y sin embargo rara vez somos estratégicos en como lo invertimos. La pregunta clave sería, ¿A qué tareas le asignamos esas horas limitadas que tenemos y cómo esa asignación nos lleva más cerca de nuestras metas? Al responder esa pregunta quizá nos sorprendamos de cómo nuestra administración del tiempo no necesariamente nos ayuda a conseguir, o ser, lo que queremos.

Así que luego de preguntarnos suficiente, tomemos las decisiones para invertir nuestro recurso más importante, de forma que tengamos tiempo para aprender, para hacer, para comer, para discutir, para descansar, y sobre todo, para pensar.