Ver el vaso medio lleno, más que un mantra de positivismo ciego (parte 1) | Maestrías INCAE
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Ver el vaso medio lleno, más que un mantra de positivismo ciego (parte 1)

21 de Enero 2013
Randall Trejos

Hay gente a la que simplemente las cosas le salen bien. Les llegan más oportunidades, se encuentran con las personas indicadas y simplemente parecen tener más suerte que los demás. ¿Conoce gente así? Probablemente sí. Lo que quizá nunca se ha preguntado es de donde viene esa suerte. Lo más sencillo es pensar que nacieron así, que en algún lugar hay una lista y uno está o no está en la lista. Sin embargo cada vez más investigaciones  y estudios demuestran que el componente más importante está bajo nuestro control, es decir, realmente nos creamos nuestra propia suerte.

En “The Luck Factor” Richard Wiseman expone la investigación donde pretendía descubrir porqué algunas personas parecen tener mucha suerte mientras otros parece que todo les sale mal. Resulta que no hay tal cosa como gente con suerte y gente sin ella, la diferencia está en si la gente piensa que lo es, es decir, si esperan que cosas buenas le sucedan o si están siempre anticipando eventos negativos. Wiseman les pedía a los voluntarios de su estudio que leyeran un periódico y que contaran cuántas fotos había en él. Las personas que se consideraban con suerte lo lograban en algunos segundos, mientras que aquellos que se consideraban a sí mismos sin suerte les tomaba en promedio dos minutos. ¿Por qué? En la segunda página había un mensaje en letras grandes que leía: “Deje de contar, hay 43 fotos en este periódico”.  Como un bono especial, a la mitad del periódico había otro anuncio que decía: “Deje de contar, y dígale al investigador que vio esto, y gane $250”. La gente que consideraba sin suerte en la vida completamente pasaba por alto los mensajes; eran incapaces de ver la oportunidad que estaba ahí y como consecuencia tardaban más tiempo y no se ganaban la recompensa. Lo que muestra este sencillo experimento es que la misma oportunidad puede estar ahí para todos, pero lo que marca la diferencia es si lo notamos o no, y eso tiene que ver con los lentes con que miramos nuestro día a día.

Y es que el efecto no sólo se puede ver en nuestra capacidad para aprovechar las oportunidades a nuestro alrededor; también afecta a aquellos a nuestro alrededor. En otro experimento liderado por Robert Rosenthal[1], se les dijo a profesores de primaria que luego de administrar unas pruebas de aptitud académica, tres estudiantes habían sido identificados como estrellas (Pedrito, Juanito y Rosita). Se les advirtió de no dar más ni menos atención a estos estudiantes ni hacer saber esto a ninguno de los estudiantes. Al final del año se les volvió a administrar la prueba y en efecto, Pedrito, Juanito y Rosita puntuaron muy por encima del promedio. Lo que hace el estudio interesante es que en la prueba inicial, estos tres estudiantes habían realmente mostrado un desempeño completamente ordinario y habían sido escogidos aleatoriamente dentro de las puntuaciones promedio. ¿Por qué al final del experimento se convirtieron en estudiantes destacados? Aunque no habían recibido trato diferenciado ni ellos mismos sabían de su supuesto desempeño superior, de alguna forma la creencia de sus profesores sobre ellos había sido comunicada no verbalmente, y estos habían empezado a actuar en forma que reflejaba esta creencia. Esto se le conoce el efecto Pigmalión: las expectativas que tenemos de nuestros hijos, compañeros de trabajo y pareja – sean o no comunicados – pueden volver esa expectativa una realidad.

Estos dos fenómenos ocurren mayormente por dos razones: porque nuestra percepción es selectiva y sólo podemos prestar atención a una pequeña parte de lo que sucede allí afuera, y segundo, porque normalmente necesitamos que nuestras esquemas mentales de alguna forma “calcen” en un tipo de coherencia interna. Cuando creemos que somos desafortunados y que las personas son desconsideradas con nosotros, nuestra percepción estará atenta a todas aquellas señales que confirmen nuestra hipótesis. No es que no haya muestras de consideración en nuestras interacciones cotidianas, es que como con el anuncio en el periódico, estamos predispuestos a no verlas. De igual forma si pensamos que nuestro equipo de trabajo es comprometido y confiable, nuestra percepción tenderá a filtrar aquellas acciones que no concuerden con nuestro esquema, inclinándonos más a encontrar aquello que esperábamos encontrar.