Lo que uno vive cuando vive afuera | Maestrías INCAE
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Lo que uno vive cuando vive afuera

31 de Enero 2013
Randall Trejos

En la mesa hay por lo menos 10 nacionalidades representadas y la mayoría no puede pronunciar el nombre del platillo que vamos a comer; hoy cocina el griego, y para muchos, esta es la primera vez que comen algo así de mediterráneo. Ninguno está acostumbrado a cocinar pero la necesidad es la madre de la inventiva, y pocas cosas unen más a las personas que el acto de sentarse a compartir comida. Entre todos hay gente de Portugal, Italia, Grecia, Holanda, Pakistán, Estados Unidos, Francia, Brasil, Canadá, República Checa y Costa Rica.

Una de las más interesantes posibilidades que brinda el MBA de INCAE es la de hacer un programa de intercambio con las mejores escuelas de negocios del mundo. Desde las estadounidenses como Kellogg, NYU y UCLA, hasta las europeas como IE Business School, ESADE, WHU y, donde yo vine a dar, Rotterdam School of Management (RSM), en Holanda.

¿Para qué un Intercambio?

Al elegir donde hacer el intercambio uno piensa en las clases que lleva en el programa, en el ranking de la escuela y en el renombre; pero al final lo que realmente hace una diferencia son las pequeñas cosas que uno no podía prever, como la cena con 10 nacionalidades representadas. Lo cierto es que lo que se aprende en las aulas de INCAE, no será substancialmente diferente de lo que se puede aprender en cualquier universidad Europea, Asiática o de los Estados Unidos. A veces, incluso, serán los mismos profesores los que den la clase. Lo que sí cambia cuando uno pone un pie afuera, es la vivencia y el tipo de gente que uno se topa. Y ahí es donde hay muchísima riqueza.

La parte que uno no se imagina.

Yo por ejemplo, leí en Entrepreneurial Start-ups en RSM exactamente el mismo caso que había leído en Introducción a la Administración de Empresas con Neil Ketelhöhn en INCAE. La discusión fue ligeramente diferente, y las conclusiones bastante parecidas. Pero no hay forma que yo pudiera haber imaginado que conseguir una bicicleta tan pronto uno llega a Holanda es prácticamente un requisito. Ni aunque hubiera leído el artículo de Wikipedia, podría haber imaginado que una gran mayoría de las personas se transporta por bicicleta y no por transporte público ni automóvil (59% de los viajes en las ciudades son en bicicleta, según Wikipedia). No se me hubiera ocurrido que alguien asistiría a una importante reunión de trabajo, vestido con saco y corbata, o con falda, tacones y traje ejecutivo y llegaría a estacionar afuera del edificio su flamante bicicleta (con cadena y candado para evitar que se la roben). Pude haber visto fotos, pero tampoco me habría imaginado lo difícil que es ir de compras al supermercado y llevarse todo en una bicicleta.

Leerlo, vivirlo y que se lo cuenten.

De haberme quedado en Costa Rica pude haber leído sobre la crisis económica europea y lo que pasa en Grecia, Alemania y España. Lo que piensa Angela Merkel y sobre las posiciones políticas encontradas, y todo lo demás que sale en CNN, NY Times y La Nación. Pero no hubiera entendido lo que significa para un estudiante griego de 24 años y las decisiones que debe tomar para su vida. He tenido la oportunidad de leer sobre la caída del comunismo y la apertura de los países de Europa oriental al capitalismo; pero no podía imaginar cómo un día uno se levanta por la mañana y la moneda vale un décimo de lo que valía antes y por ende no alcanza para comprar el pan. Es decir, me puedo imaginar en términos económicos, pero no en lo que significa para una chica de 7 años y su familia tener que vivirlo.

¿Y todo eso, para qué?

Viendo hacia adelante no sabría decir para qué me va a servir saber sobre las bicicletas en Holanda, a qué sabe el goulash, un compendio de dichos en italiano, o por qué en Hungría la gente se extraña si usted de repente sonríe en la calle. Quizá estos datos, a primera vista irrelevantes, son de los que decía un profesor de Macroeconomía con quien comparto el apellido, van en el “back-burner” y no muestran su utilidad de primera instancia; pero luego de unos años, en retrospectiva, entendemos para qué nos servían. Tal vez en unos años, cuando mire hacia atrás, pueda seguir el consejo de Steve Jobs y logre conectar los puntos, pero por lo pronto, como dicen en Costa Rica, a uno nadie le quita lo bailao.

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