MBA`S En camiseta - La Historia real de un MCP | Maestrías INCAE
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MBA`S En camiseta - La Historia real de un MCP

15 de Mayo 2013
adminincae

Empezando el año 2012 con augurios de apocalipsis, un equipo de cinco MBA’s en potencia, desde Alemania hasta Ecuador, pasando por México, Honduras y Colombia sintonizaron su nueva perspectiva sobre los negocios hacia uno de los mayores sembraderos de controversia histórica de toda Latinoamérica: Los campos bananeros. Todo debido a la curiosidad, iniciativa de la industria, y sobre todo al proyecto de Management Consulting Practice dirigido por INCAE, la iniciativa más completa que representa en toda luz la esencia de INCAE Business School.

Desde hace varios años, la industria bananera ha intentado, en conjunto y con arduo trabajo, limpiarse de su gran problema controversial: el estatus de la distribución de valor y derechos en la cadena de valor hacia la parte donde todo comienza: El trabajador en el campo. Para una mejor idea de la importancia de este viaje y lo aprendido, es necesario recordar que Ecuador es el país que cuenta con la mayor exportación de banano en el mundo (Alrededor del 50%, según la FAO), siendo tal producida en un 95% entre tres provincias: Guayas, Los Ríos y Machala “La Capital mundial del Banano”. Una de las compañías bananeras más grandes del mundo (y miembro del World Banana Forum) se puso en contacto con el equipo de INCAE y nosotros como alumnos, como dicen nuestros queridos hermanos ticos “nos mandamos sabroso”.

Tras haber estado bajo el fabuloso aire acondicionado del campus Walter Kissling Gam en Costa Rica todo este tiempo, y mi intercambio en una escuela famosa, rica en escándalos e historias de gente muy influyente de Europa en Alemania, el contraste de escenario era totalmente digno de su vértigo. Antes, estuvimos siempre resolviendo casos, solucionando todo con hojas de Excel y mágicas presentaciones, corroborando supuestos, haciendo “Networking” y discutiendo como monjes en traje el futuro de la tierra. Todo eso se volvió como diría nuestro querido profesor Marín, “Babosadas”. La corbata me duró un día y el cuello de la camisa se me puso en huelga por el negro sudor que corría por mí al caminar las calles de Guayaquil hacia nuestra oficina. Luego venía lo mejor, las visitas a campos.

Tras las primeras reuniones, ya teníamos una mejor idea del asunto en el que nos estábamos metiendo. Estaba todo lleno en peligro y aventura. Nuestro trabajo requirió de visitas a fincas bananeras de todo tipo, desde el latifundio enorme, hasta el micro-productor. Íbamos haciéndole preguntas a la gente: “¿Cuánto gana usted?” “¿Le cubre el dinero sus necesidades?” “¿Trabaja con contrato?” ¡Uy! ¡Cómo hurgamos en la llaga de la historia latinoamericana! La visita era aleatoria, imprevista en la mayoría de los casos y por respeto a la estadística, anónima. Salimos despavoridos en algunos casos, otros nos llenaban de ilusión, lágrimas, furia, y otros símplemente me llenaban de curiosidad. Viajamos en auto con chófer, en autobús gallinero y a pié a través de una secuencia Banano-cacao-pueblito pobre-banano-cacao-banano sucesivamente hasta llegar a la reunión con la gente indicada. El chapuzón de cultura y envolvimiento con el entorno era sobrecogedor.

Casi seis de esas ocho semanas estuvimos itinerantes, en camiseta, botas de caucho, mochila, tableta y lápiz conociendo el Ecuador no-turístico, discreto y callado bajo matas. El resto, en pantalones cortos, con toda ventana abierta, ventiladores por doquier y la mesa desplegada a full con nuestro equipo y análisis (Cero “glamour”). Menos mal que nos instalamos desde casa para trabajar independientemente ¡Estábamos diagnosticando a toda la industria bananera de un país! No sólo eso, lo íbamos a presentar a la FAO, a las asociaciones de productores de banano desde Ecuador hasta Camerún, pasando por los ejecutivos de las mayores cadenas mundiales de distribución en Estados Unidos y la Unión Europea. A mis 23 años, esto era de decir “I just can’t believe it”. Era todo algo inimaginable para el Danilo Sierra que se sentó en la oficina de admisiones de INCAE en Tegucigalpa en 2010.

Al final, el mayor peligro de toda esta aventura surgió ante mis ojos: Las generalizaciones simplistas. En conjunto vimos un sinfín de situaciones en las cuales, como apenas asegurar lo que prescribe la ley a los trabajadores representaba una sentencia de muerte a un colectivo completo de curtidos productores bajo el filo de la quiebra, así como también otros, en cuyas circunstancias hasta habían permitido a pequeños productores expandirse hacia adelante en su cadena de valor comprando incluso navieras completas como producto de generar mejores condiciones laborales. Vi el infierno y el cielo en los negocios, y todo era amarillo y verde a su alrededor.

Con mis queridos compañeros nos encontramos con un sinfín de historias, desde correr con todo y chofer designado desde la finca por miedo a una embestida a machetazos en un campo bananero, conocer gente que jamás en su vida había salido de la finca (que no habia conocido jamás a una persona “blanca”, y que, para ellos, ir a Guayaquil era equidistante que ir a Nueva York o Pekín), pasando por las discusiones (casi peleas) en vela en nuestro apartamento-oficina y en nuestro pequeño cubículo prestado por la oficina de INCAE en Quito (sí, fuimos a quito también) , hasta ver la controversia y caliente discusión en la mesa de trabajo. El proceso fue casi tan poderoso como gran producto de nuestro trabajo.

En general conocimos gente increíble que intenta aportar un granito de arena y luchar contra la injusticia desde todos los flancos. Este era un momento histórico, todos estaban soportando dolor (la industria no había sido muy rentable en los últimos años) y aún hay mucho por hacer. Lo que queda claro, es que el rol de un MBA, especialmente uno de INCAE, está muy lejos del estereotipo de persona acorbatada en un cubículo, sino con la gente de todos los países de Latinoamérica luchando para desarrollar un continente entero. Ganamos juntos el segundo mejor premio al Management Consulting Practice y, viendo todo desde el frío invernal de Berlín, no puedo decir más cuan valiosa fue la experiencia. ¿Que fuimos segundo lugar? Nuestra experiencia fue de primera. Pudimos vivir en nuestra carne lo que se llama, en palabras de mi colega y amigo Benjamín, “la demanda de mayor alcance, mayor reclutamiento y mayor generación de liderazgo.” y señoras y señores, olía a campo verde.

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