¿Te crees grande? | Maestrías INCAE
Publicación

¿Te crees grande?

06 de Octubre 2014
German Retana

Uyuni, Bolivia. Una segunda visita al Salar de Uyuni, quince meses después de la primera, me ha dejado tres lecciones para compartir: (1) En ocasiones se podría creer que la empresa es grande, poderosa e inmune al entorno; en otras, (2) exageramos nuestra importancia personal. Finalmente, (3) hay personas que jamás ven riesgos al creer que están solas en la cima.

Del brillo al polvo. En el 2013 me impactó observar 10.582 kilómetros cuadrados muy blancos, brillantes y con impecable limpieza. Era invierno y la temperatura nos recibió con (-18)  grados Celsius. En cambio, en el 2014, el termómetro marcaba (+18) y la sorpresa fue encontrar toda la superficie cubierta por el polvo proveniente de montañas lejanas. La fuerza del viento en primavera coloca una sábana café sobre el mayor desierto de sal del planeta, cambiando radicalmente el paisaje. Tal como sucede con imponentes organizaciones, el entorno modifica sus condiciones y la imagen se opaca, demostrando que en la faz de la tierra, nada ni nadie es invulnerable, por grande que sea.

La añoranza por el pasado debe cambiarse entonces por la esperanza de que en el futuro las cosas vuelvan a ser iguales o mejores. Con paciencia, a lo mejor el mismo entorno reacomoda el rumbo, pero lo que queda claro es que no hay tal cosa como la estabilidad o el estancamiento.

¿Estás en la foto? La Isla Pescado, de 1.77 kilómetros cuadrados, es la más famosa del salar. Esta vez, en lugar de ascender de nuevo a su cumbre de 170 metros sobre el nivel del salar, caminé 150 metros hacia el mar blanco. Desde la cúspide, otra persona del equipo de INCAE me divisó y tomó una fotografía. Sin duda, esperábamos observar una imagen curiosa, pues todo a mí alrededor era sal. “¡Mira qué raro, no estás en la foto!,” me dijeron al ver la pantalla de la cámara. Efectivamente, mi imagen era imperceptible ante el color y la grandeza del paisaje. “¡Recurran al “zoom” y a lo mejor reaparezco!” Y así fue. Aunque yo era el objetivo de la fotografía, simplemente era invisible al ojo humano, debido de nuevo al majestuoso entorno.

Yo era un minúsculo punto en la fotografía y mis colegas apreciaron más el contexto. Así debería ser en las empresas. Convendría que el abultado protagonismo de sus dirigentes cediera la preponderancia a los resultados, el ambiente de trabajo y el mérito del equipo.

¿Egoísmo o negligencia? Mientras conducía a placer, sin restricción de vía, encontré una placa indicando que allí, el 1 de mayo del 2008, dos vehículos chocaron de frente y trece personas fallecieron. ¿Cómo es eso posible en un territorio plano, sin obstáculos y en el que se puede conducir en cualquier dirección? El entonces coronel de la policía local declaró: “Existiendo semejante espacio, con total visibilidad, en plena luz del día, sin nubarrones en el cielo, tuvo que ser el capricho de cada conductor lo que provocó el choque frontal de ambos vehículos.”

Desconozco la validez de esa hipótesis, pero la realidad es que ese accidente jamás debió suceder dadas las condiciones del amplio entorno. No obstante, en algunas organizaciones la amplia disponibilidad de recursos no es suficiente para que cesen tanto la competencia absurda causada por egos descontrolados, como el exceso de confianza ante pequeños pero determinantes riesgos.

Un mismo y cambiante salar, tres lecciones de valor. La madre naturaleza es la gran maestra, y si lo deseamos, aprenderemos de ella al observarla y respetarla.

Suscríbase a nuestro blog