Gestionar el riesgo no es lo mismo que minimizarlo | Maestrías INCAE
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Gestionar el riesgo no es lo mismo que minimizarlo

23 de Octubre 2014
Luis Sanz

El riesgo no es algo bueno ni malo per se, es una palanca que debemos optimizar. A veces conviene reducirlo, mitigarlo, pero a veces queremos exactamente lo contrario: ¡a veces gestionar el riesgo requiere aumentarlo! El problema es que si sólo entendemos la gestión de riesgo como la minimización del mismo, nunca lo veremos desde la perspectiva correcta.

Esta parece ser una visión contra-intuitiva, y sin embargo financieramente tiene mucho sentido: si queremos obtener una rentabilidad superior a la tasa libre de riesgo de forma sostenida, es necesario correr riesgos. Lo contrario sólo sería posible en mercados protegidos, donde las fuerzas que desata la competencia no se hacen presentes.

No se trata entonces de minimizar todos los riesgos, sino más bien de escoger cuáles son los riesgos que como organización queremos asumir. Esta es una decisión que seguramente dependerá de las competencias  y de los recursos de que disponemos. Y por ende diferentes organizaciones escogerán riesgos diferentes.

Si dividimos los riesgos en prevenibles, estratégicos y externos, es posible entonces establecer una serie de recomendaciones sobre el objetivo de la función de gestión de riesgos dependiendo de esta tipología. Así las cosas, los riesgos prevenibles, que no generan ningún beneficio para la organización (es decir, son asimétricos) son los que debemos tratar de evitar y minimizar. Los riesgos externos pueden ser tanto peligros como oportunidades, y así deben ser evaluados. Pero los riesgos estratégicos, en lugar de ser mitigados, deben ser optimizados.

Ahora bien los riesgos estratégicos más interesantes son aquellos que tienen un potencial exponencial, es decir, comienzan lento, a veces muy lento, y de repente, cuando todo sale bien, explotan en un crecimiento muy interesante. El problema es que el cerebro humano no está muy bien preparado para reconocer los exponenciales, típicamente nos damos cuenta muy tarde. Por suerte, cada vez más contamos con más datos y herramientas para procesarlos (big data, data mining). La clave en este caso es confiar en los datos para que nos alerten sobre los exponenciales, en lugar de en nuestra intuición. Desafortunadamente, no resulta tan fácil.

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