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¡Moralejas del zapato roto!

14 de Noviembre 2014
German Retana

Dictaba una conferencia para líderes de empresas y sentí una molestia en un zapato. Supuse que una basura se había adherido a la suela. Seguí movilizándome y la sensación crecía. Al revisarlo, me percaté que tenía un gran orificio. Me reí al imaginar lo que sucedería si el zapato se partía en frente de tantas personas y peor aún, sin tener la posibilidad de ir a comprar un par de reemplazo. Entonces, le comenté a los participantes lo que sucedía, y al ver sus carcajadas les pregunté. ¿Qué lecciones podemos extraer de esta experiencia? Miremos sus respuestas…

La elegancia de empresas y personas puede esconcer serias debilidades.” ¡Cierto! Me había preocupado por planchar bien mi traje y la camisa, por la apariencia, pero no revisé los zapatos, no pensé en lo que me soportaba sobre el piso. Como nadie mira esa parte, la descuidé, y en el momento menos adecuado el abandono afloró. Moraleja; Si todo parece andar muy bien en lo superficial, a lo mejor algo anda muy mal en lo esencial.

Por excelente que sea, todo tiene un final” ¡Cierto! Dado mi trabajo en docencia, intento usar calzado cómodo, de alta calidad. Así, uno espera que lo que hacemos muy bien como empresas o personas se mantenga y sea eterno; pero eso no existe. Lo que se usa se gasta, a menos que lo renovemos periódicamente. Moraleja: Si te crees lo máximo y eterno, has empezado tu retorno.

Retírese a tiempo.” ¡Cierto! Yo venía sintiendo la suela de mi zapato muy suave, como si caminara descalzo. Sin embargo, esa comodidad era una señal de que la vida útil del accesorio llegaba a su final y negué la realidad, como sucede a personas que no aceptan que ya cumplieron su ciclo en la empresa. Moraleja: Si no cambias en el momento preciso, te cambia el cambio.

Tenga cerca su reemplazo. ” ¡Cierto! No creo necesario viajar con dos pares de zapatillas del mismo color, aunque sí podría haber empacado otro par de zapatos y ropa de diferente tonalidad. El aferrarme a un solo par que por viejo se siente confortable, me ocasionó tener que caminar menos y con sumo cuidado para no destruirlo  totalmente. Moraleja: si usted no tiene un plan para una eventualidad, su paso se frenará y no podrá avanzar de dónde se encuentra.

“Invierta, no sea tacaño con usted” ¡Cierto! ¿Por qué somos tan tercos al querer vivir de la renta de conocimientos y prácticas ya obsoletas? ¿Para qué disimular, por ejemplo, la pereza de soportar el molesto ajuste de un nuevo zapato o el tener que probar varios hasta encontrar el adecuado? Moraleja: el estancamiento sale caro y aún más, no comprender el refrán de que “bueno y barato no caben juntos en un zapato.”

Mire a su alrededor.” ¡Cierto! Al salir de la sala, uno de los participantes me señaló a un señor que tenía un pie enyesado y caminaba con dificultad con la ayuda de una muleta. ¿Y de qué me quejo? comenté. Él desearía poder usar mi zapato roto y yo estaba preocupado por una trivialidad estética. Moraleja popular: Las quejas sobre lo que no tienes te impiden disfrutar las que tienes.

Si se rompió es porque usted caminó.” Fue la expresión que más me agradó escuchar. Mantenerme en acción desgastó el zapato, me puso al borde de la incomodidad y me obligó a despedirme de mi fiel compañero. Moraleja popular: Si amas más los zapatos que el camino, no vale la pena caminar. ¡Cierto!
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