Moscas versus aviones | Maestrías INCAE
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Moscas versus aviones

02 de Diciembre 2014
German Retana
“En nuestra empresa cazamos las moscas, pero se nos escapan los aviones.” Con seguridad, usted ha escuchado esa afirmación muchas veces. La recordé en el vuelo en que escribo esta columna, pues el pasajero a mi lado no ha cesado de estar pendiente de una mosca (M) que  vuela por la cabina. Además, me dice que es su primer viaje pero está distraído con el insecto, en lugar de disfrutar la experiencia en avión (A). ¿Sucede lo mismo en su organización en los siguientes cuatro escenarios?
 
Primero, en algunas empresas se pone enorme presión para bajar costos en muchos detalles (M), incluso en algunos que afectan el servicio al cliente, la comodidad del personal para trabajar y hasta la seguridad física. Sin embargo, al mismo tiempo se observan lujos (A) en favor de unos pocos, excesos en gastos superfluos y beneficios desproporcionados entre los que deben ahorrar y los que ordenan la austeridad que no practican. Este doble discurso desorienta e irrita al personal ante la falta de congruencia que desfila frente a sus ojos.
 
Un segundo escenario de la distorsión entre “moscas” y “aviones” es la atención de prioridades. Hay dirigentes y miembros que concentran casi todo su tiempo en asuntos (M) que en verdad no agregan gran valor a su empresa (A). La adicción al trabajo es tan fuerte que no importa en qué se usan las horas, lo relevante es estar muy ocupados. Se confunde el cansancio con el sentimiento de la labor cumplida. Los jefes se orientan más hacia lo externo, sin percatarse de los vacíos de soluciones de situaciones internas que se agravan por la falta de atención.
 
En tercer lugar, la forma podría superar el fondo. Es molesto lidiar con empresas que todavía no entienden qué es lo que, en verdad, agrega valor a sus clientes (A) y se quedan estancadas tratando de seducirles con superficialidades (M). Está bien, por ejemplo, que un aeropuerto tenga extravagancias, pero es mejor que sea eficiente para que los pasajeros no tengan que llegar varias horas antes de su vuelo dada la lentitud de los trámites de rigor.
 
Finalmente, basta observar críticamente nuestras conversaciones en la organización para identificar cuáles son proactivas, útiles y orientadas a mejorar algo (A) y cuáles constituyen un monumento a la trivialidad, a la posposición de lo urgente y al evadir lo importante (M). Reuniones interminables, desordenadas y sin rumbo, son muestra inequívoca de la inclinación a cazar moscas sin ver los aviones de las prioridades.
 
La concentración del esfuerzo entre los asuntos cruciales no debe confundirse con el descuido de los detalles que seducen la lealtad de los clientes y que energizan la pasión de ser parte de una empresa. La minuciosidad es tan estratégica como la formulación de una visión.
 
Nadie está exento de sufrir el embate de “insectos mentales.” Bien dijo José Martí: “También a un gran hombre lo puede exasperar una mosca.” Por cierto, la del avión dejó de molestar, ¿será que sucumben cuando se vuela a grandes alturas de pensamiento proactivo, bien orientado, con rumbo seguro y con accionar congruente? ¿Es así en su empresa?
 

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