Compañerismo: Blindaje de equipos reales | Maestrías INCAE
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Compañerismo: Blindaje de equipos reales

22 de Junio 2015
German Retana

“Cuando las personas tienen que gestionar peligros procedentes del interior de la organización, esta es más vulnerable a los peligros exteriores.” Así resume el norteamericano Bob Chapman,  director de empresas, una realidad más que confirmada: La confianza, la empatía, la cohesión y el sentimiento de protección mutua dentro de un equipo elevan sosteniblemente la seguridad y la productividad. ¿Cómo lograrlo?

El autor Simon Sinek, señala en su libro “Los líderes comen al final,” que las culturas internas caracterizadas por la certera protección recíproca entre sus miembros, son siempre más exitosas. La ausencia de persecuciones, acosos laborales, paranoias, decisiones sorpresivas, egocentrismos y otros males, permiten que toda la energía se concentre en superar los objetivos.

En forma inversa, los miembros sufren altos niveles de stress cuando perciben que no existe balance entre sus esfuerzos o contribuciones y las retribuciones recibidas, varias de las cuales se refieren a trato, relaciones, respeto y visibilidad, tanto de jefes como de compañeros. En otras palabras, indica Sinek, no es la presión, el nivel de responsabilidad, ni la exigencia de una posición lo que causa esa tensión sino el percibir que no se reciben incentivos, conductas solidarias, consideración y respaldos equivalentes. Según encuesta de Gallup, citada por Sinek, cuando los jefes ignoran a las personas, el 40% de estas se desentiende de su trabajo.

La tarea de construir un ambiente laboral vacunado contra peligros internos es compartida, no exclusiva de las personas líderes. No hay recetas, pero sí ingredientes. Conocerse es el primero: ¿Cómo confiar en quien no sabemos quién ni cómo es? El acercamiento humano derriba prejuicios, estereotipos, temores y asuntos del pasado. La interacción formal y no formal acrecienta el aprecio y, consecuentemente, el sentido de pertenencia. Sabernos parte de algo relevante, que hace sentido, facilita dejar de lado diferencias y barreras intrascendentes.

El segundo ingrediente es crear relaciones intencionales, no transaccionales. Es hacer las cosas por los demás porque se les valora como personas, no porque hay algo de ellos que interesa obtener o transar. El filósofo J. W. von Goethe sugiere: “La forma en que ves a la gente es la forma en que las tratas, y la forma en que las tratas es en lo que se convierten.” Y agrega: “Podemos juzgar el carácter de un hombre fijándonos en la forma en que trata a quienes no pueden hacer nada por él.” El respeto a uno mismo se evidencia en el que se ofrece a los compañeros, que no necesitan preguntar si pueden contar unos con otros, pues eso ya es parte del ADN de todos, pese al sacrificio de satisfacciones individuales que ello implica. En términos breves, esto es amistad real, honesta y blindada contra fisuras improcedentes y superficiales.

Finalmente, está el ingrediente de la protección mutua, producto de la lealtad a prueba de intereses particulares o egoístas. Esta cualidad incluye solicitar y aceptar críticas, recomendaciones, perspectivas diferentes y el coraje de pedir perdón por errores que ponen en peligro la cohesión interna e incrementan los riesgos externos.  El verdadero compañerismo es también sinónimo de empatía, exigencia y responsabilidad, pues solo con ellas las ideas y proyectos se convierten en hazañas memorables. ¿Está bien “blindado” su equipo?

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