¡Mecha corta! ¿Será verdad? | Maestrías INCAE
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¡Mecha corta! ¿Será verdad?

28 de Agosto 2015
German Retana

Hay personas con frecuentes reacciones desatinadas, exageradas y explosivas, que se autodefinen como de “mecha corta.” Sus semejantes son muy cautos al hablarles y prefieren callar sus discrepancias para no exponerse a respuestas ofensivas, agresivas o desproporcionadas. Sin terminar de escuchar, tienen una contestación que suele ser descalificadora e intimidante. ¿Conoce usted a una persona así o quizás, la ha visto en su propio espejo?

Este comportamiento impregna de tensión el ambiente de trabajo, máxime si una persona así ejerce el papel de dirección o posee poder de influencia en quienes gestionan decisiones. Entonces, la mística se sustituye por la obediencia, el trabajo en equipo por el cumplimiento de órdenes y el diálogo por el monólogo. Lo peor es que si los resultados de la empresa son buenos, estas personas se sienten respaldadas e intensifican su actitud de “mecha corta”. Los demás, que necesitan sostener a sus familias, no tienen otra opción que soportar el sentimiento de anulación.

Ocasionalmente, les pregunto a los participantes de seminarios si serían capaces de matar a otro ser humano. La respuesta unánime es: ¡No! Entonces les cuestiono qué harían si sorprendieran a un maleante causando un gravísimo daño a sus hijos y la respuesta cambia completamente. Aceptemos una realidad: todos llevamos una especie de “animal” adentro que se nos puede escapar en cualquier momento; es más, de eso puede depender la vida de un familiar o la propia.

Todos tenemos un límite, una frontera de paciencia y sensatez. Si nos provocan, podríamos traspasarla y “encender la mecha”. ¿Cuál es el trabajo por realizar? Ciertamente, crecer en inteligencia emocional, para construirle una “jaula” cada vez más grande al “animal,” de modo que no se asome por situaciones insignificantes y superables mediante reacciones prudentes y meditadas. Sin la gestión adecuada de las emociones estresantes somos una bomba de tiempo.

Desdichadamente, la autodenominada gente de “mecha corta” deja la puerta de la pequeña jaula abierta y, entonces, aumenta sus conflictos interpersonales, su ira y, consecuentemente, su soledad. Construir un prestigio toma muchos años; echarlo todo a perder apenas unos segundos. ¿Cómo aumentar el tamaño de esta imaginaria jaula de nuestro animal interior?

Un primer paso es hacer del respeto una forma de vivir; esta será la fuente de la que emerjan la tolerancia al criterio ajeno, la habilidad para trascender a estímulos externos que solo ocasionan daño, y el saber escoger las confrontaciones ineludibles. Segundo, reconocer que toda persona desea sentirse digna, relevante y respetada. Tercero, madurar para entender que la mejor motivación es la intrínseca y que esta es el antídoto para que el estado de ánimo no dependa del criterio de los demás. Cuarto, soltar la presión, solicitar ayuda cuando sea necesario, disfrutar y facilitar que los allegados lo hagan también. Quinto, como afirma Helbert Hubbard: “Tampoco te tomes la vida demasiado en serio, ¿no ves que de todos modos jamás saldrás vivo de ella?” Con calidad de vida integral se cultiva la paz interior que es, quizás, el mejor medio para ampliar la “jaula;” por consiguiente, no debería permitirse que nada ni nadie la arrebate.

Finalmente, es oportuno estar advertidos de que detrás de la excusa de ser alguien de “mecha corta”, podría haber una dosis de soberbia, definida por el libertador José de San Martín como la “discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una pequeña dosis de poder.” Entonces, ¿no sería sensato alargar la “mecha”?