¡Retírate… por una hora! | Maestrías INCAE
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¡Retírate… por una hora!

28 de Septiembre 2015
German Retana

¿Posee usted la disciplina de reflexionar periódicamente con profundidad, sobre sus propósitos, prioridades o principios esenciales? ¿Cree que vale la pena hacerlo? Quienes lo acostumbran exhiben claridad en torno a la inversión de sus talentos, recursos, cualidades y esfuerzos. Están siempre conectados con su conciencia y eso les permite decidir fácilmente lo que para otras personas serían dilemas, ambigüedades y contradicciones.

Reflexionar acerca de uno mismo implica dedicarse un tiempo alejados de distracciones y de otras personas. Es regalarse minutos para esclarecer perspectivas, analizar el qué y el cómo hacemos eso que es importante para nosotros. Este hábito conduce a un mejor discernimiento, a la simplificación de circunstancias complejas, a ser ecuánimes y equitativos al juzgar situaciones.

La actitud reflexiva intensifica el autoconocimiento, la conexión con los valores y la esencia espiritual, origen de las posteriores conductas visibles. También ilumina la sensatez sobre capacidades y limitaciones, virtudes y oportunidades de crecimiento integral. Normalmente, las relaciones con personas reflexivas son muy fluidas, pues son consistentes; ven más allá de lo visible y tienen el coraje de decir lo que piensan o de ir contra corriente para ser coherentes.

El silencio conduce a una sana conexión con uno mismo y, consecuentemente, con los demás. La introspección anima la flexibilidad para valorar los insumos de las personas que son apreciadas y hasta los argumentos de quienes nos adversan con honestidad intelectual. Ser reflexivos permite trascender, incluso, a las bajezas, la hipocresía y las agendas ocultas de gente que nos rodea, buscando aprovecharse como parásitos de nuestras posiciones, aptitudes o vínculos.

Los reflexivos hacen las preguntas difíciles y cuestionan lo que nadie se atreve. “No aceptan nada sin analizarlo con sus pensamientos y emociones”; reciben con gratitud el desafío a sus ideas. Son autocríticos, exhiben un estilo de vida contemplativo, sereno y con buen humor; se molestan solo cuando llegan al límite de la tolerancia. Razonan con intensidad y amplitud la atingencia de sus decisiones y el impacto responsable de las mismas sobre sus semejantes; pero son firmes cuando de defender sus valores se trata.

Generalmente, la persona reflexiva se centra en lo positivo de las situaciones difíciles; tiende a desear el bien a los demás, se alegra del éxito ajeno y no procura el protagonismo egocéntrico. Se conecta fluidamente con otros y eso la convierte en gestora de un liderazgo con base en su credibilidad integral, basada en la lealtad incondicional a sus principios y ética.

El autor Harry Jansen Kraemer, sugiere que las personas a cargo de equipos, familias y empresas se hagan estas preguntas cada noche: “¿Qué dije que iba a hacer hoy y qué hice realmente? Si lo que hice fue diferente, ¿cuáles fueron las razones? ¿Qué hice bien y qué no? ¿Cómo traté a los demás? ¿Siento orgullo por la forma en que viví este día? ¿Qué haría diferente si tuviera que vivirlo de nuevo? ¿Qué aprendí hoy que tendrá impacto notable en la forma en que viviré el día de mañana, la próxima semana o de ahora en adelante?”

Responder estas preguntas toma apenas cinco minutos. Contestar otras más de fondo puede consumir varios días. Por eso este autor recomienda realizar un retiro anual de tres días en total silencio. Si eso no le es posible, ¿qué tal si al menos lo hace una hora por semana?