Dos grandes, un legado | Maestrías INCAE
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Dos grandes, un legado

06 de Junio 2016
German Retana

“¿Me escribes una reflexión en este libro que regalaré a mi hijo?” Él se sonrió y extendió su mano temblorosa para saludarme efusivamente. En ese instante, caí en la cuenta del mal de Parkinson que padecía uno de los ídolos de mi juventud. ¡Sencillez en la grandeza! El 3 de Junio del 2016 partió de este mundo “el más grande”, siete días después de que observé en San Juan, Argentina, a otro grande, Lionel Messi. Repasemos enseñanzas de ambos…

Aquel encuentro en Miami, en el año 1994, me permitió admirar aún más a Muhammad Alí. Ni la fama ni la enfermedad afectaron su nobleza. “Servir a los demás es el alquiler que pagas por tu habitación aquí en la Tierra”, dijo. Vi a Messi entrar a la cancha con similar gesto y ser uno más, cumpliendo -como todos sus compañers- con la rigurosidad del calentamiento previo. La única diferencia era la notable alegría de Messi de estar jugando y divirtiéndose con sus amigos.

“A mí me hace mejor el equipo, seguro. Sin la ayuda de los compañeros no sería nada, no ganaría nada”, opina Messi. En esa misma línea, en su famoso y breve discurso en Harvard University, Alí expuso: “¡Yo, no; nosotros, sí!” De igual modo, la consigna de Messi en nuestro partido Argentina vs. Honduras fue poner su talento al servicio de sus compañeros, no a la inversa. En cada jugada, buscaba entregar la pelota de inmediato, sin lucirse. ¿Es así la gente talentosa de su organización? ¿Se distinguen sus líderes por servir o por ser servidos y adulados?

El talento de Alí y Messi pareciera no ser de este mundo, lo mismo podría decirse de las excepcionales cualidades de algunas personas en equipos de trabajo. Una férrea disciplina para elevar sus capacidades ha sido parte del legado de ambos, sin excesos de confianza. “Odié cada minuto de entrenamiento, pero dije: no renuncies, sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”, advertía Alí. “Había partidos en los que no agarraba una, pero siempre estuve consciente de que yo era el crítico número uno conmigo mismo. De querer tirar todo, ¡nunca!”, expresa Messi. Por no renunciar a sus principios religiosos, Ali fue a la cárcel y perdió títulos.

Algunos dirán que Alí era un “fanfarrón” por autodenominarse “el mejor”; pero él mismo explica que “Es la repetición de afirmaciones lo que lleva a creer. Y cuando el creer se transforma en una convicción, las cosas comienzan a suceder (…). En eso que estás pensando te estás convirtiendo (…). Para ser un gran campeón, tienes que creer que eres el mejor, si no lo eres, haz como si lo fueras (…). Los campeones no se hacen en los gimnasios, están hechos de algo inmaterial que tienen muy dentro de ellos. Es un deseo, un sueño, una visión”.

Los hondureños estaban táctica y mentalmente preparados para afrontar el desafío contra los #1 del mundo. Se les miraría de frente, nunca hacia arriba. Messi, Higuaín, Di María y los otros astros también inspiraron a todos en la cancha a mirarse con respeto; de tú a tú, disputaron cada balón con fuerza y valentía. Así debe ser en las empresas, sustituir el ego por el trabajo duro y la humildad.

Messi salió lesionado del partido, recordándonos que, como humanos, también somos vulnerables. A lo que Alí se adelantó al apelar a la preparación para el dolor: “No cuento todas las abdominales que hago. Yo solo cuento cuando empiezan a dolerme, porque esas son las que realmente cuentan, las que me hacer ser el campeón que soy”.

Dos grandes, de dos siglos diferentes, pero ambos con gestos que se salen del cuadrilátero o del rectángulo de juego para calar en nuestras conciencias.