¿Reconoce cuál es su “fuerte”? ¿O no tiene? | Maestrías INCAE
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¿Reconoce cuál es su “fuerte”? ¿O no tiene?

05 de Septiembre 2016
German Retana

Las personas se esfuerzan al máximo por alguna de estas dos razones: el miedo a fracasar o la pasión por ganar. En el primer caso -en aras de evitar la frustración, el ridículo, el desprestigio o la pérdida de un gran anhelo- el temor es la fuente del trabajo intenso. En el segundo, el impulso es originado por el deseo de superar lo alcanzado,  continuar creciendo y trascender.

Si el fracaso se aleja, la energía disminuye y se está a las puertas de la zona de confort. En cambio, cuando hay pasión por ganar, hasta “perder”  es aprendizaje, por tanto,  ganancia; los miembros de la organización aspiran a más, nada los detiene.  ¿Qué tienen en común las personas y los equipos de esta segunda categoría?

En primer lugar, los equipos conocen todo acerca de sí mismos: cualidades, actitudes, recursos y talentos  que los hacen especialmente competitivos.  Sus líderes crean  condiciones y ambientes propicios para alcanzar la eficacia, trabajan en las fortalezas del equipo con miras a la consecución del propósito colectivo.

Esta actitud genera un ambiente de “construcción”, no de “reparación”.  Se descarta la inversión de tiempo y trabajo en corregir debilidades, sin que eso signifique descuidarlas. Se desmitifica aquello de que solo se progresa si se corrigen defectos, limitaciones o imperfecciones. También el que se deba estar exento de miedo o  frustración; la energía se concentra en reconocerlos para superarlos, no para evitarlos; la fortaleza individual se refleja en el resultado colectivo.

En segundo lugar, después de superar los miedos, la mente comienza a producir pensamientos positivos, cimentados en la toma de conciencia de sus fortalezas. Como dice el conocido refrán: “Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama sino en sus propias alas”.  Cuando el alma de un atleta o de un equipo es su capacidad, los esfuerzos son ilimitados. Por eso, padres de familia, gerentes empresariales y directores deportivos deben promover el auto-diálogo positivo en sus pupilos, pues de este derivan las conductas y las decisiones que subyacen al éxito.

En tercer lugar, las personas con motivación de logro hacen de la disciplina un hábito, eso les permite ser cada día mejores. Para ellas, el talento no es suficiente si no marca diferencia en sus vidas y en sus organizaciones. Trabajan en perfeccionar lo que hacen bien; sus capacidades se convierten en el estandarte de su éxito.

Ahora, sumemos los tres componentes: fortalezas, confianza y trabajo exigente. El resultado es una actitud de vida constructiva: sensatez para reconocer lo que no se tiene y convencimiento  de poder llegar lejos con lo que sí se tiene.

En momentos límite, quieran o no, los equipos se valen de sus fortalezas para sacar a relucir su mejor versión. ¿Ya sabe cuáles son las suyas?

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