¿En quién descargas tus culpas? | Maestrías INCAE
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¿En quién descargas tus culpas?

05 de Diciembre 2016
German Retana

Resulta fácil responsabilizar a los demás de lo que nos sucede como organización o persona, lo difícil es aceptar la realidad. En algunos casos, somos nosotros mismos quienes fallamos y no reconocemos ser o hacer eso que solo vemos o creemos ver en los demás. Esto se conoce, en Psicología, como proyección; Carl Jung lo llamó la sombra: nuestro lado oculto.

Las manifestaciones de esa dualidad -hacia quienes consideramos culpables- no se hacen esperar: irritación, miedo, ira, frustración, fobias, enojo, rechazo, descalificación… Incluso, no siempre son personas las detonantes de esas emociones, también puede tratarse de ámbitos hacia los que existe algún tipo de aversión o prejuicio: deportes, arte, política, sexualidad, trabajo en equipo, relaciones, profesiones, vida en familia, etc. ¿Cómo explicar esto que parece ser un sabotaje al equilibro emocional individual u organizacional?

En esa “sombra”, en ese lado íntimo y oculto que tenemos, convergen  situaciones y pensamientos no resueltos ni aceptados, que se reprimen en estricto secreto por varios motivos: el temor inconsciente a experimentar rechazo, una carencia personal, o un aspecto que nos desagrada de nosotros mismos.

Entonces, ¿cuál es el efecto de esa sombra? Recriminamos a otros cuando “vemos” en ellos nuestros propios defectos. Criticamos su actuar, como si al hacerlo lográsemos esconder una condición nuestra que difiere de la que exponemos públicamente. Estas proyecciones pueden ser a terceras personas “me repugnan los  jefes exigentes”,  a segundas personas “usted, jefe, me desestabiliza”; es al madurar cuando hablamos en primera persona “yo puedo equivocarme”, “yo me equivoco.”

En esa “sombra” se guardan conceptos positivos o negativos. Alguien puede ser solidario, pero aparenta lo contrario por temor al rechazo. Otro, para disimular ciertos aspectos de su personalidad, un complejo de inferioridad, por ejemplo, asume  -inconscientemente- una conducta autoritaria que lo aleja de las personas.

Marianne Williamson indica que lo anterior equivale a tratar de sostener, con el cuerpo,  varios balones de playa bajo el agua. Es tanta la presión que se debe ejercer sobre estos que  tarde o temprano  saldrán a la superficie.  Así, hay personajes de la vida pública que “derriten” su imagen al incurrir en acciones contradictorias a sus discursos  y argumentos; o sea, dejan salir a flote un rostro que yacía reprimido.

No habrá paz interior sin aceptación de la sombra; ocultarla conduce a comportamientos destructivos, como los de aquellos políticos que, por guardar apariencias, arruinan países. Negar la existencia de la sombra nos aleja de la realidad; reconocerla, en cambio, desemboca en comprensión y tolerancia, en humildad y en perdón de sí mismo y en la restauración de relaciones dañadas. “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma“, advierte Carl Jung.