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¿Exiges o ganas el respeto?

24 de Marzo 2017
INCAE Executive Education

En las relaciones laborales, quienes se respetan a sí mismos, tienden a recibir el respeto de los demás. Gandhi lo advierte así: “No pueden quitarnos el autorespeto a menos que lo cedamos”. ¿Cuáles son comportamientos que indican que una persona ha logrado esa actitud hacia ella? ¿Cómo influye el respeto el ambiente de trabajo?

Quienes se valoran no se creen más ni menos que sus semejantes; por lo tanto, no exhiben conductas prepotentes ni sumisas. No dependen de elogios para sentirse importantes y son inmunes a insultos que afectarían su autoestima. Según un cuento oriental, son como los “habitantes” de los cementerios: “indiferentes a las palabras externas”, pues los que hoy te alaban mañana te pueden ofender y quienes hoy te mancillan mañana podrían exaltarte.

Valorarse y poseer adecuada autoestima, requiere ser realista sobre capacidades, talentos, virtudes y carencias. Implica procesar situaciones difíciles pasadas y haber aprendido de ellas para no ser prisioneros de emociones nocivas que afectan vínculos con otros. Esta aceptación positiva crea independencia emocional porque reduce expectativas sobre lo que se espera de los demás; incluso, constituye una vacuna contra la “victimología” que caracteriza a quienes esperan que sus prójimos se hagan cargo de hacerles sentir bien.

Curiosamente, esa independencia crea libertad para elegir decisiones sanas, pero también libera a los demás de tener que cuidarse de nuestras reacciones. O sea, se liberan amarres enfermizos para que surjan relaciones asertivas, profesionales y productivas, que son cimientos de las organizaciones de alto desempeño. Escuchar a los colegas con humildad y receptividad es un síntoma de respeto a uno mismo y un medio para ganar el de ellos.

La congruencia entre discurso y comportamiento, cultiva la tranquilidad de conciencia de los líderes y miembros de equipos, acrecentando la credibilidad mutua. La arrogancia de apelar a las posiciones, a títulos y a la autoridad para ser respetados es descartada entre quienes lo adquieren respetándose a sí mismos. Claro, en ocasiones aparecen individuos que cruzan la línea e incurren en agresiones a la dignidad ajena; en tal situación no queda más que hacer valer los derechos propios y rechazar dichos intentos. Tolerar por conveniencias abusos en contra, es inconsistente con el respeto propio. Exigir respeto con firmeza no garantiza que los agresores van a cambiar, pero sí la serenidad interior por no claudicar en nuestros valores.

En las organizaciones puede haber relaciones complicadas que cambiarían radicalmente si por lo menos uno de sus actores tuviera su “punto de quiebre”, su “basta ya” y el coraje de apegarse a sus principios para prohibirse irrespetar simplemente por reciprocidad. El verdadero respeto se gana respetando y hacerlo hacia uno mismo es el primer paso.

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