Las caras del miedo | Maestrías INCAE
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Las caras del miedo

26 de Abril 2017
German Retana

En forma abreviada, ante el miedo –advertencia de un peligro real o imaginario– son tres las reacciones posibles: huir, paralizarse, enfrentar. De modo similar, estas pueden ser experimentadas por personas o equipos. ¿Cuáles son algunas de las “caras” visibles del miedo en el acontecer de las organizaciones?

Por desagradable que sea la sensación que de él emana, el miedo es vital para la supervivencia y la superación, por un lado; para la prevención y la audacia, por otro. Ignorarlo puede ser una respuesta suicida. Así, individualmente, el cerebro detecta el peligro, activa la alarma y prepara al organismo para responder. Colectivamente es análogo, cuando un equipo percibe situaciones límites y riesgosas, enciende las alertas. Su reacción dependerá de la inteligencia emocional de sus miembros.

Temor, peligro, espanto, paranoia, pánico, horror, alarma, preocupación, riesgo, nerviosismo, aprensión, fobia, pavor, ansiedad, susto y terror son estados mentales asociados con el miedo, o bien sus equivalentes. Incluso el odio deriva del miedo, se odia aquello que atemoriza y “Cuando se teme a alguien es porque a ese alguien le hemos concedido poder sobre nosotros”, afirma Hermann Hesse.

Volviendo a las reacciones ante el miedo ¿cuáles podrían ser las manifestaciones de un equipo al optar por una u otra? Al “huir”, sus miembros obedecen a quien temen sin reclamo, no se apropian de situaciones que afectan su bajo desempeño: se sienten enajenados. Dada su indefensión, guardan sus opiniones, no hay aprendizaje proactivo, se escudan en el silencio. Cuando se huye, las personas retroceden o renuncian a sus sueños al no sentirse preparadas, sea eso real o no.  El autoritarismo del jefe y la indiferencia y pasividad de los miembros son caras manifiestas del miedo.

Ante la “paralización”, se evita la toma de decisiones, el desempeño se estanca, se atrincheran en comportamientos conocidos y se apuesta a que las soluciones lleguen de terceros o por arte de magia. La inacción nutre aún más el miedo; quien dirige tampoco cambia su actuar, con lo que se profundiza el estancamiento. Se evapora el valor de hacer lo que se necesita. La indecisión de los jefes y la adicción a la rutina son las credenciales de los equipos “paralizados”.

Cuando se elige “enfrentar”, se comprende que, como afirma Mandela, “No es más valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo”. Entonces se lo reconoce, se acepta como normal y hasta necesario. En el equipo, prevalecen la confianza mutua y el talento, la corrección conjunta de errores, el disfrute del desafío y la concentración en la meta. El trabajo duro es muestra de que se posee la convicción de ganar. Los líderes inspiradores saben que el miedo roba sueños, abogan por el coraje y por la apertura al riesgo para saltar ese muro mental detrás del cual está lo que se anhela.

La humanidad no podría sobrevivir ni progresar sin el miedo, igual sucede en empresas, equipos y personas. Su función es advertirnos del peligro para activar la respuesta, es ahí donde cada cual decide la suya y convive con sus consecuencias.

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