Decidir ser familia | Maestrías INCAE
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Decidir ser familia

29 de Mayo 2017
German Retana

En ocasiones, a grupos de ejecutivos les pregunto qué los hace sentirse orgullosos de sus propias familias. En sus respuestas, sobresalen, entre otras, las siguientes cualidades: amor, respeto, compasión, unión, apoyo mutuo, fraternidad, alegría, generosidad y tolerancia. Seguidamente, les pregunto si creen posible vivir eso mismo en sus equipos, a lo que contestan afirmativamente. Entonces, surge la interrogante: ¿Qué se necesita para que esto suceda?

¡Decisión de ser familia! Eso es lo esencial. Las buenas actitudes son producto de decisiones contundentes y del apego a principios que, cuando son compartidos con entusiasmo y convicción  por el equipo, lo transforman en una “familia”.  ¿Qué tal si solidaridad, exigencia, preparación individual, comprensión y sentido del humor, formaran parte del suyo?

Solidaridad: “Yo hago lo que tú no puedes y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas”, apuntó la Madre Teresa de Calcuta. Hermandad no es hacerle el trabajo al otro, es complementarlo sin egoísmo, es “estar ahí” por si alguien fallara. Pueden contar unos con otros, saben que, si se debilita la unión, el éxito se aleja. Esta alianza es más que ser parte del equipo, es estar siempre pendiente de los compañeros; dispuestos a escuchar, a cooperar y a levantar a quien se equivoque en algo, cual sea la situación.

Exigencia: Un verdadero equipo se esfuerza al máximo para mejorar sus condiciones, el progreso de la “familia” es un propósito central. Por ello, demanda estricto cumplimiento de las responsabilidades. Así, con tal de que se concreten las metas, nadie toma a mal un regaño. Este alineamiento es estricto “Los cinco dedos separados son cinco unidades independientes. Ciérralos y el puño multiplica la fuerza”, advierte J. C. Penny. La disciplina de ejecutar lo acordado y la rendición de cuentas es igual para todos.

Preparación individual: El trabajo en equipo es, paradójicamente, responsabilidad individual. Estriba en que cada cual hace su parte con la mayor excelencia por respeto a su “familia”. Hay anuencia para corregir conductas, aprender y cumplir roles asignados. Se respetan las diferencias porque de ellas surge la fortaleza que los distingue, pero los integrantes, y en especial los líderes, asumen el reto de superarse, para así sumar a los propósitos del equipo.

Comprensión: Los errores, las imprudencias, los roces y la decepción momentánea son normales en una familia. No obstante, los lazos emocionales entre sus miembros les permiten perdonarse, trascender y continuar.  Por eso señalan y admiten fallas sin temor a represalias. La razón de ser como equipo está siempre por encima de las debilidades, no se detienen por ellas. Con naturalidad, pasan la página; en los pasajes difíciles, la compasión mutua los hermana más.

Humor: “Si podéis reír juntos, podéis trabajar juntos,” señala R.  Orben. Los pilares anteriores conducen a un alto sentido de compromiso por alcanzar el alto desempeño, al mismo tiempo, generan un ambiente ameno, lúdico y de confianza. Los equipos exitosos no se componen solo de las personas más talentosas, sino de quienes saben unirse como “hermanos” para trabajar fuerte.

Es difícil describir con suficiencia qué es una familia, pues es un sentimiento que no se puede racionalizar, pero es fácil saber cuándo se ha alcanzado ese nivel, por la decisión de sus miembros.