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Caminando sobre el límite angosto del endeudamiento justo

05 de Octubre 2017
Executive Education INCAE
 

Hacer negocios es de valientes. Esto lo saben todos los empresarios y directores de las mejores compañías. Saben también que no se pueden dejar sueltas las riendas y menos aún en el departamento financiero. Una apuesta osada de endeudamiento puede ser el tiro de gracia para un proyecto que viene creciendo lento pero seguro. Lo saben bien.

Lo que no saben es la receta del volumen adecuado de endeudamiento. La respuesta es un enorme “depende” que deja abierto el camino a grandes aciertos o errores que tampoco están sujetos únicamente a las decisiones de la gerencia, sino a condiciones del mercado imposibles de prever. 

Entonces va la pregunta de nuevo: ¿cuánto debe endeudarse una empresa? Y la respuesta se repite: depende de muchos factores, pero en términos generales se puede afirmar que el volumen adecuado está justo sobre el punto donde se maximice el valor de la empresa, sentencia el profesor Pablo García Estévez, del Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef, en Madrid), en su artículo en Harvard Business Review.

Resumiéndolo de una manera extrema, es un juego permanente entre los activos y el riesgo, más variables exógenas como el nivel de los tipos de interés, las expectativas de los flujos de caja de la empresa y el momento económico en el que vive la compañía. Y en ese juego, España y probablemente América Latina suelen jugar una ficha más bien conservadora.

“Es sorprendente que esta idea (la del endeudamiento al punto en que se maximice el valor de la empresa) no sea conocida por muchos empresarios, que prefieren mantener una gestión muy conservadora de la compañía, en la que esta se mantiene en bajos niveles de deuda”, escribe el profesor García Estévez.

Hay factores que juegan en el bajo endeudamiento. El tamaño del tejido empresarial que determina el acceso a fuentes de financiación, el carácter familiar o unipersonal de muchas compañías y, por supuesto, el sector al que pertenecen. Se sabe que las industrias manufactureras necesitan más apalancamiento y las firmas de tecnología, menos. Las dimensiones de la compañía también es algo determinante, pues una pequeña solo dispone de la opción bancaria, mientras las medianas y las grandes puede acudir a los mercados.

Dan por hecho los académicos, lo dice el propio profesor García Estévez, que “en teoría la cantidad de deuda debe influir en el valor de la empresa, y, por lo tanto, habría que buscar el grado de apalancamiento óptimo”. 

Sin embargo, se apresura a admitir que ese trabajo es muy difícil de llevar a la práctica por la complejidad de precisar el valor de la empresa en un momento específico y por el aumento del riesgo que conlleva.

Lo que queda muy claro es que, como suele ocurrir, el dinero atrae más dinero; si una empresa pequeña logra crecer, crecerá también su acceso a mercados de financiación más allá de los bancos y el aporte de los dueños, lo que le permitiría conseguir fondos a un coste menor. 

Es decir, se valida la teoría de que “la deuda genera valor, en la medida que permite financiar proyectos con recursos baratos a costa de un incremento del riesgo”. En otras palabras: el endeudamiento debe ser un proceso racional, pero la carta de la valentía paga bien.