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Liderazgo: El ruido de los silenciosos

06 de Octubre 2017
Executive Education INCAE

Existen personas que no responden mensajes electrónicos, si eso implica reconocer una equivocación o tomar decisiones respecto a situaciones incómodas. Miran injusticias y errores pero callan. Físicamente están presentes en reuniones, sin embargo hay que adivinar qué piensan, pues evaden comprometerse con su opinión. Se enfadan por los problemas de su equipo; no obstante fingen que éstos no les afectan y guardan silencio. Parecen estar de acuerdo en algo; luego sorprenden al expresar “nunca dije que sí”. A esta categoría de personas les denominamos “silenciosas de falsas aguas calmas”.

Refiriéndose a este tipo de seres, Mahatma Gandhi decía que “lo más atroz de las cosas malas que hace la gente mala, es el silencio de la gente buena”. Quienes callan inspiran desconfianza pues al hacerlo legitiman lo que podrían haber rectificado, si tan solo fueran consistentes con sus valores y valientes con sus acciones. Los indiferentes ante los atropellos, se colocan del lado de los que los causan, se dice popularmente. También existen las personas prudentes que no dicen nada cuando reconocen que están pasando por momentos de enojo extremo, por lo que no les conviene explotar emocionalmente.

Se suman las que prefieren abstenerse de opinar sin antes haber procesado datos, argumentos externos o la validez de sus razonamientos. Buscan profundidad en sus reflexiones y si no la alcanzan, se mantienen herméticas temporalmente. Cuando median en conflictos entre personas que valoran, analizan con minuciosidad las posiciones de cada cual, en lugar de adherirse a una de las partes por motivos pasajeros. Hablan poco y con buen tino, son personas de “silencio juicioso.” En la tercera categoría ubicamos a quienes siempre expresan todo, aunque no en el momento correcto, a los semejantes apropiados, ni en la forma efectiva.

Guardan silencio mientras creen correr riesgos si externan sus opiniones, pero igual se desahogan con sus amigos y parientes, no con quienes debieran hacerlo. En empresas y universidades se escudan en evaluaciones anónimas para desenfrenar sus emociones y “desquitarse” contra jefes o profesores ante quienes no tienen el coraje o la posibilidad de dialogar. Así son quienes practican el “silencio pasivo-agresivo.”

Finalmente, tenemos a las personas que invierten más tiempo escuchando que hablando; preguntan con insistencia y se soslayan aprendiendo de las respuestas. Nutren de sabiduría el entorno con la profundidad de sus ideas, que son generadas en una mente inquieta por ver más allá de lo visible.

Con pocas palabras desafían el intelecto ajeno para conquistar la verdad. Incluso, suelen expresar más con sus pausas reflexivas que con sus discursos, por eso les llamamos personas de “silencio sabio”. Sea como sea, estos cuatro tipos de silenciosos hacen mucho “ruido” en las organizaciones, para bien o para mal. Eso sí, conviene tener en cuenta el viejo proverbio judío: “hay que guardarse bien de las aguas, perros y enemigos silencioso”. ¿En cuál de las cuatro categorías ubica usted sus momentos de silencio?


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