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¿Qué causa usted? ¡Sí, usted!

09 de Julio 2018
German Retana

El clima laboral es determinado, en un 20 – 30%, por el rendimiento de los miembros en una empresa. Y la forma en que ellos se sienten mientras trabajan, en un 50 – 70% de la actitud de su líder. Tal como lo afirman Goleman, Boyatzis, Mckee y otros expertos en inteligencia emocional, una sola persona, una, determina mucho de lo positivo o negativo que sucede en una organización.

Durante más de 30 años, he visitado organizaciones en diversos países, enarbolando la bandera del trabajo en equipo, de la gerencia colaborativa y del empoderamiento; no obstante, siempre consciente de una realidad: en nuestro medio, el “jefe” o la “jefa” siguen siendo centrales, cruciales y detonantes del estado emocional de sus colaboradores y, en algunos casos, hasta de sus colegas. No es la formación académica ni los años de experiencia que se posean, es el modo como se gestionan las emociones propias y ajenas lo que origina la mística de trabajo.

Observe, por ejemplo, un equipo en el que el trabajo arduo es un placer; el buen ánimo, contagioso; la convicción de superar metas está incrustada en toda actitud y las dificultades se sobrepasan con espíritu positivo. Note la comunicación directa y constructiva entre todos −sin temores y hasta con humor− incluyendo al líder. ¿De dónde cree que proviene ese agradable clima laboral? De una persona en particular que logra conectar sus emociones con las de los miembros y avivar una convivencia sana, transparente y con un significado superior, una aspiración trascendente.

Ahora observe otro grupo en el que prevalece la cultura de miedo al error, la defensividad, el enfado, el silencio cauteloso, el mero cumplimiento de la tarea y la evitación del contacto directo en reuniones o actividades. Un grupo estresado ante las reacciones descontroladas e impredecibles, en el que el regaño, la sanción, la represalia, la burla o la manipulación advierten el costo de decir la verdad, de discrepar o de no rendirle pleitesía a quien tiene el mayor “poder”. De nuevo, ¿de dónde proviene este ambiente? De una sola persona, con nombre y apellido, por todos conocida.

Quizás se considere que lo expresado es una exageración y que hay otros actores involucrados. Es correcto, los hay. Pero lo más común es encontrar organizaciones en las que el jefe o la jefa “manda”, tiene una cuota de decisión con la que impone un modo de gestionar que moviliza las emociones colectivas hacia una de las dos direcciones descritas. Los miembros que no dirigen formalmente al equipo, de alguna manera, también influyen en él, máxime cuando el jefe, con premeditación o sin ella, abre espacios para que eso suceda.

La persona denominada “líder” pone su sello esencialmente con su capacidad para comprender y gestionar sus emociones y las de sus dirigidos. Por eso su tarea principal debe ser despertar los sentimientos positivos en el equipo y crear un ambiente que movilice la mejor versión de quienes lo integran. Si lo hace bien, habrá receptividad y atracción hacia sus decisiones e ideas, así como una mayor unión, pues el significado de lo que se hace y de lo que se logra es compartido. Siendo el miembro más visible y escuchado, el líder debe tener sumo cuidado y conciencia del impacto de sus gestos y palabras, y ser “lubricante” de la voluntad colectiva.

Usted, líder o integrante de su empresa, genera influencia. ¿Qué causa en otros su forma de ejercerla? Si es jefe, recuerde que usted es factor determinante de la identidad emocional del equipo, del clima laboral y, consecuentemente, del 30% de los resultados.