Publicación

La Historia manda a subirse a la nube... ¡a producir!

09 de Agosto 2018
Executive Education INCAE

Nuestros nietos o bisnietos hablarán de la “Cuarta revolución industrial” como algo consolidado y con la certeza de quien describe algo que ya ocurrió, aunque nosotros en inicios del siglo XXI lo vivamos con amplios márgenes de incertidumbre que podría generar tantos riesgos como oportunidades, según quién lo mire.

Hablarán en tiempo pasado de algo que apenas acaba de recibir nombre: “cloud manufacturing”. Se referirán así al modelo inteligente de fabricación que aprovecha la computación en la nube para satisfacer las demandas de clientes cada vez más exigentes.

Si la primera revolución industrial sustituyó la fuerza mecánica por el motor, la segunda introdujo el modelo de producción en serie y la tercera automatizó esa producción, la cuarta revolución industrial es esa que permitirá a los humanos no tener que supervisarlo todo ni tener que tomar cada decisión. 
Los algoritmos y la interconexión fluida cambian la forma de hacer negocios y cada jornada trae una nueva noticia, un nuevo experimento, una nueva aplicación, un nuevo desafío.

Lo explica el profesor de INCAE Business School, Bernard Kilian, Ph.D. en la Universidad de Hohenheim, docente en gerencia de operaciones y microeconomía. “Desde acá en Costa Rica puedo adecuar la calefacción de mi casa en Alemania”, dice a manera de anécdota para ejemplificar las posibilidades que ofrece la tecnología en la nube.

Las tendencias son diversas, explica el profesor Kilian:

  • Transporte autónomos, con fuertes efectos en la logística.
  • Impresión 3D, que permite crear piezas y estructuras con una precisión inédita y de manera remota y personalizada, lo cual responde bien a las exigencias de los clientes modernos.
  • Robótica avanzada, más allá de las operaciones repetitivas que podían “desempeñar” los robots de fábrica. Ahora los robots pueden tomar decisiones de acuerdo con la información que registren y hacer control de calidad de manera autónoma.
  • Nuevos materiales, simbolizados por el grafeno, que es 200 veces más fuerte que el acero, muy liviano y un gran conductor de calor y electricidad. Además, los plásticos termoestables, que soportan bien el calor.
  • El “internet de las cosas” que permitirá automatizar funciones cotidianazas como las tareas domésticas o los procesos industriales, lo cual implica la generación de una enorme cantidad de datos cuyo aprovechamiento abre discusiones éticas.
  • Blockchain: es protocolo de seguridad a cargo de una red de computadoras que verifica una transacción antes de ser aprobada y generan una cadena de información certera.
  • Bitcoin: conocida como “moneda electrónica” es solo una aplicación del concepto de “blockchain” pero empleada en  operaciones y transacciones multinacionales, que reduce las barreras en negocios y los costos en cadenas de suministros.
  • Big data: son los enormes cúmulos de datos que se generan con la digitalización de los procesos y que han obligado a la ciencia estadística a reinventarse con nuevas formas para aprovechar esa información y manejarla de manera responsable.
  • La biología sintética sumada a la ingeniería genética y a la tecnología 3D tendrá efectos contundentes en la atención de la salud.

Muchos de estas tendencias podrán mezclarse entre sí o perfeccionarse en un abrir y cerrar de ojos, pero confluyen en plataformas ubicadas en la nube que cambiarán nuestras economías y nuestros hábitos de consumo

Así se puede explicar que Airnbn sea el mayor servicio de hotelería en el mundo y no posea ni una cama, como recordó el profesor Kilian en la frase de Tom Goodwin. Así entenderemos por qué en 1990 las mayores empresas del mundo estaban aún en Detroit (autos) y ahora estén radicadas en Silicon Valley y generen ganancias parecidas, pero con solo un 10% de los trabajadores. 

Igual han sabido responder a los mercados y quizá ir un poco más allá.