Publicación

¿Cómo Basilea III ayuda a surfear los riesgos financieros?

21 de Septiembre 2018
Executive Education INCAE

Estallada la burbuja inmobiliaria en Estado Unidos en 2006, las hipotecas suprime sucumbieron en 2007 y los efectos financieros y económicos internacionales en cascada se viven aún hoy, una década después. Está el recuerdo de momentos crudos de falta de liquidez, el contagio bursátil, los aprietos alimentarios... una crisis económica planetaria.

Para los bancos fue muy difícil. Para algunos fue letal. La gestión de riesgos tradicional se quedó corta para responder a las embestidas financieras y salir vivo de ahí. Los patrimonios que parecían fuertes cedieron como el papel celofán y las utilidades ni hablar. Los elementos “colchón” a corto y largo plazo fueron insuficientes. No hubo cartera de crédito que saliera ilesa y los golpes violentos en las tasas de interés demostraron que los Acuerdos de Basilea II (2004) necesitaban una vuelta de rosca más para perfeccionar la gestión de riesgos.

Por eso llegó en diciembre de 2010 Basilea III, el último de los tres acuerdos de supervisión bancaria promovidos por el Foro de Estabilidad Financiera y el G-20 en la sede en la ciudad suiza. Se centró en la capacidad de las organizaciones de responder a situaciones excepcionales y momentos de alta tensión, con lineamientos tendientes a ajustar la base de capital, por si las cosas se complican. 

“Es prever condiciones de estrés, incluso con ejercicios de simulación y preparación de los distintos escenarios posibles para adoptar las mejores prácticas y afinar el sistema de indicadores”, explica el profesor de INCAE Business School Arnoldo Camacho, Ph.D. de Ohio State University y especialista en banca, finanzas, mercado de capitales y gestión de riesgos. 

Llegó el momento de poner más atención a la liquidez de los activos, dice el consultor internacional en su webinar sobre la gestión de riesgos deriva de Basilea III.

Para ello es necesario vigilar tres condiciones ligadas a la liquidez: la falta de eso, el exceso (la posesión de recursos con un alto costo y ganancias limitadas) y los faltantes de fondeo derivados de colocaciones agresivas, las cuales pueden afectar los márgenes de ganancia sobre las colocaciones. Se impone un mapeo permanente de las variables de riesgo. Son tiempos para no pestañear.

El mercado está muy sensible, nervioso. Quizá no es que “esté así”, sino que “así es” en estos tiempos, propenso a retiros masivos de minoristas, a repentinas pérdidas de acceso a mercados mayoristas o a la financiación garantizada o de sorpresivas rebajas en calificaciones crediticias. De nuevo, no está el paisaje para distracciones en el gobierno corporativo de las compañías ni hay permisos para dejar de prever los escenarios, incluso los más complejos.