Publicación

Centroamérica y el cambio tecnológico

12 de Octubre 2018
Jaime García

Centroamérica y el cambio tecnológico

La digital o cuarta revolución digital de la que constantemente se habla en los medios de comunicación, se caracteriza principalmente por dos aspectos: 1) se mueve a una velocidad sin precedentes en la historia de la humanidad. De hecho para el 2020, más personas en el mundo tendrán un teléfono celular, que acceso a electricidad o a instalaciones sanitarias. Y 2) desaparecen las barreras entre lo físico y lo digital, influyendo incluso en áreas tan diversas como la biología, la medicina o la gastronomía.

Además de la velocidad con la que las nuevas tecnologías están generando cambios en la sociedad; también están reconstruyendo al mundo con sus funciones y sus posibilidades. Por ejemplo, en campos como la biotecnología, poniendo al alcance del consumidor análisis del ADN;  neurotecnología, generando interfases de control digital por medio de la mente; impresión 3D, personalizando las manufacturas; nanotecnología, produciendo circuitos orgánicos; sensores, llevando el internet a las cosas; inteligencia artificial, copiando los procesos cognitivos humanos; robótica, sistematizando los esfuerzos físicos; baterías eléctricas, abaratando el consumo y producción de energía; y los drones, democratizando el uso de los cielos.   

Estas tecnologías digitales giran en torno a tres conceptos: Visibilizar, Socializar y Medir; es decir, permiten hacer visible lo invisible, facilitan compartirlo y posibilitan su medición. Pero, hacer visible lo invisible, hacerlo social y medible no es sólo una apuesta al futuro, Waze ha usado estos conceptos para generar una aplicación exitosa, y colocarse como líder en el mercado con más de 65 millones de usuarios y presencia en 185 países. Esta aplicación desarrollada por emprendedores de Israel fue vendida a Google por mil millones de dólares en el 2013 [1] y ha cambiado la forma de conducir. Al medir el flujo del tránsito, usando los celulares de sus usuarios como sensores; al crear una red social en la que se comparte información en tiempo real sobre las condiciones del camino; y al adaptarse al coyunturas para mostrar la ruta optima alternativa. La aplicación funciona hasta en países donde las direcciones son referencias del tipo “500 metros sur del viejo higueron” , muy comunes en Centroamérica.

La región y la cuarta revolución industrial

Y respecto a Centroamérica, ¿qué pueden hacer los países ante este cambio tecnológico?, ¿cómo pueden adaptarse a una nueva realidad que viene modificando las estructuras económicas y sociales de los países más desarrollados?, ¿qué elementos tienen para disminuir las consecuencias negativas?, y ¿qué tan rápido pueden reaccionar frente a una tendencia que sólo promete seguir acelerando sus impactos?. Las respuestas a estas preguntas pudieran resultar desalentadoras, de acuerdo a los datos disponibles y a los temas a discusión en las agendas públicas de estos países.

En un primer análisis la región aún no resuelve problemas del siglo XX, tales como nutrición y cuidados médicos básicos, agua y saneamiento, vivienda, o acceso a conocimientos básicos (Ver figura 3). Estos retos básicos afectan incluso al país con la economía más dinámica de la región, Panamá, que enfrenta una tasa de desnutrición aproximadamente el doble de la de países como Chile o Uruguay según los datos del Índice de Progreso Social; en donde obtiene la posición 74 de 128 países para el componente de nutrición y cuidados médicos básicos. O que Panamá ocupa el lugar 83 en matriculación a la educación secundaria con tan sólo el 75.5 % de los niños en edad de cursarla asistiendo a clases[2].

FIGURA 3. Problemas básicos insatisfechos en América Central

Estas condiciones regionales claramente producen una situación de riesgo y rezago respecto a países que pueden hoy mismo beneficiarse de los beneficios de las tecnologías exponenciales; o que ya están realizando cambios en sus modelos educativos para generar las habilidades digitales necesarias para la cuarta revolución industrial. Estas habilidades ya estan identificadas, y parten del supuesto de que en los próximos 20 años se requerirá añadir valor en aquellos procesos en los que la inteligencia artificial o los robots no puedan intervenir[3]; y están basadas principalmente en un proceso de formación a lo largo de toda la vida, en el fortalecimiento de las habilidades sociales, y en agregar creatividad, por medio de herramientas tecnológicas.

Sin embargo estas cualidades siguen lejos de estarse desarrollando en la población joven centroamericana; si vemos las estadísticas de los jóvenes entre 15 a 24 años, encontramos que en Guatemala, el 5% de los jóvenes no estudia ni trabaja, y que un 37.7% se dedica a la agricultura y 13% en industria manufacturera. En Honduras 12% de los jóvenes no estudia ni trabaja y 34% están en el sector primario, principalmente agrícola, y 16.5% en manufacturas. En Nicaragua, las cifra de desempleo juvenil es del 8%, pero la de jóvenes empleados en el sector primario es del 40% y 13.5% en industria manufacturera. En Panamá, 15% de los jóvenes son desempleados, 22% trabaja en el campo y 6% en la industria manufacturera. En El Salvador, 8% de los jóvenes son desempleados, 27% trabajan en el sector primario y 17% en manufacturas. Mientras que en Costa Rica, el desempleo juvenil es de un 21%, y sólo el 14% y 10.7% de sus jóvenes trabajan en el campo y en manufacturas respectivamente[4].  Es decir, la región está aislando a casi al 50% de sus jóvenes del desarrollo tecnológico exponencial, teniéndolos en el desempleo o en actividades no tecnológicas y de baja productividad.

El futuro no va a esperar

Al ver las condiciones en la que se encuentra la región y los riesgos globales los pronósticos no pueden ser muy optimistas; sobre todo por que los líderes de la región siguen sin actualizar sus discursos, sus diagnósticos y sus políticas. Se siguen discutiendo problemas del siglo XX cómo si todavía estuviéramos en las dinámicas del siglo pasado. Pero como hemos visto brevemente en este documento, la disrupción de la cuarta revolución industrial está afectando a ritmos acelerados a todas las economías del mundo; y cuando termine de acentarse en los próximos años, habrá cambiado la cara de la mayoría de los sectores productivos, generado nuevos ganadores y perdedores, y alterando el nivel de vida de millones de personas.

Si hoy queremos que la región se beneficie de la oportunidad que brinda el cambio tecnológico, entonces debemos de pensar en al menos 3 puntos básicos:

  1. Desarrollar habilidades digitales en la población.
  2. Renovar las reglas del juego de acuerdo a los nuevos sectores digitales.
  3. Generar asociaciones público privadas con las grandes empresas digitales para generar intervenciones usando las herramientas de esta nueva  era tecnológica.

Y es que al final, la disyuntiva no es función de la adopción de la tecnología o no; sino sobre el tipo de país que se quiere construir. Por lo tanto la integración de los países centroamericanos a la cuarta revolución industrial, debe ser un proceso estratégico, que garantice un beneficio para los ciudadanos, de forma incluyente y sostenible. Pues como dice el Prof. Schwab[5], la cuarta revolución industrial puede comprometer y denigrar los fundamentales de la humanidad, entiéndase trabajo, comunidad, familia e identidad; o puede elevar a la humanidad a una nueva conciencia colectiva y moral basada en un sentido de destino compartido. La elección es nuestra, y la oportunidad es ahora, por eso el CLACDS pone este tema en la agenda de discusión pública; para orientar, facilitar y generar un diálogo que ayude a construir una centroamérica de la era digital.

 

[1] Business Insider, 2013.

[2] Porter, 2017.

[3] PNUD, 2016.

[4] BID, 2017.

[5] Benioff, op cit.