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¿La tecnología en el trabajo es tu amiga o enemiga?

25 de Octubre 2018
Executive Education INCAE

La era de la inteligencia artificial y la automatización se acerca más y más conforme avanza la tecnología y se incrementan los datos. El aumento de la productividad debería ser un motor para el crecimiento económico, pero hay que saber muy bien para quién trabajan las máquinas.

En las economías que tienen más que ganar, los seres humanos en el lugar de trabajo podrían tener más que perder. Es por eso que se necesita una visión reflexiva para asegurar que los trabajadores del mañana tengan las habilidades para competir en el mundo digital. 

Abordar este desafío obliga a identificar las diversas causas. Hacerlo es difícil, pero el análisis del pasado y del presente muestra que es obligatorio abordar dos dinámicas generadas la tecnología: mejorar y remplazar.

La tecnología ha reemplazado al trabajo humano desde que existe. Así como la rueda permitió que una persona empujara lo que antes necesitaba a diez personas, el motor permitió que una persona moviera lo que antes habría necesitado a cien personas.

Lo preocupante es el progreso digital exponencial de las últimas décadas. La fabricación en los EE. UU., por ejemplo, declinó del 16 % de la fuerza laboral estadounidense en 1996 al 8% en el 2016. Esta es una caída dura, pero no deberíamos dejarnos abrumar. El progreso trae beneficios que se pueden obtener si antes nos preparamos.

Estos beneficios son ampliamente reconocidos y se resumen en la mejora del trabajo humano. La digitalización permite a las empresas hacer más de lo que desean sus clientes: mejor, más rápido y más barato. Los empleados que sobrepasan las barreras de la producción son el resultado de nuestra realidad digital presente y futura.

Los C-suites de todos los sectores están reconociendo estos beneficios digitales. Tres de cada cuatro directores ejecutivos describen la transformación digital como una prioridad, mientras que el 86% de las grandes empresas han nombrado directores ejecutivos digitales y el 72 % de las organizaciones creen que el puesto de director de información es central en la sala de juntas.

Sin embargo, a pesar del reconocimiento universal de los beneficios digitales, aparentemente no podemos o no estamos dispuestos a aceptarlos por completo, debido a que la brecha de habilidades es un factor clave. La falta de habilidades de TI ya frena la transformación digital. 

La pregunta es indispensable: ¿qué habilidades y atributos necesitará la gente para competir en este entorno de trabajo digital, crear una economía de innovación e impulsar la inclusión económica?

La respuesta está en la educación. A medida que el progreso tecnológico se vuelve cada vez menos tangible, debemos proporcionar una educación cada vez más relevante. Los planes de estudio de STEM, que son el estándar de la educación avanzada, deben convertirse en STREAMD: ciencia, tecnología, robótica, ingeniería, artes, matemáticas y diseño (por sus siglas en inglés). 

Esta amplitud y profundidad en la capacitación refleja el desarrollo de una economía de innovación más allá de la TI, con un énfasis creciente en habilidades de diseño y experiencia, sistemas y pensamiento relacionados con la computación, economía digital, sociología, economía del comportamiento y matemáticas avanzadas.

Aunque el escepticismo en la reforma educativa y la capacitación laboral puede ser correcto, hay mucho en juego para permitir que las fallas pasadas definan la preparación para el futuro. Se necesita una estrategia que incluya a todas las partes interesadas, incluidos gobiernos y empresas. 

Solo así, con iniciativas educativas, podremos garantizar que más personas estén posicionadas para beneficiarse de las ganancias económicas ante el irrefrenable progreso tecnológico.

Extracto del artículo publicado en Word Economic Forum on Latin America, por Jennifer Artley President, Americas, BT Group.