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Reprobados y sin hacer la tarea

06 de Diciembre 2023
Jaime García

Nuestros estudiantes de 15 años salen entre los últimos lugares de 81 países evaluados en matemáticas, lectura y ciencias de acuerdo con las pruebas PISA. No es sorpresa el resultado, ni los gobiernos ni la sociedad han hecho su tarea para mejorar las oportunidades de los jóvenes de la región.

La importancia de medir y comparar

Las pruebas educativas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) son una serie de evaluaciones internacionales llevadas a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Estas pruebas se realizan cada tres años y están diseñadas para medir la competencia de los estudiantes de 15 años en tres áreas clave: lectura, matemáticas y ciencias. El objetivo principal de PISA es evaluar en qué medida los estudiantes cerca del final de su educación obligatoria han adquirido algunos de los conocimientos y habilidades esenciales para la participación plena en la sociedad. Los resultados de las pruebas PISA de un país pueden decir mucho sobre la calidad de su educación y su capacidad para preparar a los estudiantes para los desafíos del siglo XXI.

Altos puntajes en PISA suelen estar asociados con sistemas educativos eficientes y efectivos, mientras que puntajes bajos pueden indicar problemas en la educación o áreas que requieren atención y mejora. En esta medición los datos muestran que comparado con el 2018, el desempeño del promedio de los paíes de la OCDE tuvo un descenso de 10 puntos en lectura y 15 en matemáticas. Este mal desempeño tiene que ver con una serie de factores estructurales en los sistemas educativos, pero también por los cierres prolongados de las escuelas debido a la emergencia sanitaria COVID-19, según explica el organismo.

Una región en la mitad inferior de la tabla

En la región se evaluaron Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Panamá; los resultados son preocupantes. En matemáticas Costa Rica ocupa el lugar 63, Panamá el 74, Guatemala el 77 y El Salvador 78 de 81 países. En lectura se tuvo un mejor puntaje, ningún país está en los últimos 5 lugares; aún así Costa Rica, el mejor posicionado de la región está en el lugar 50, Panamá en el 59, Guatemala en el 66 y El Salvador el lugar 70. En ciencias, Costa Rica se queda en el lugar 55, Panamá en el 65, El Salvador en el 72, y Guatemala en el 73.

Figura 1.- Puntajes en Matemáticas para países seleccionados, en paréntesis su posición final.

Fuente: PISA 2022.

El rezago respecto al país líder en las 3 áreas evaluadas, Singapur, es de 10 años. Y comparando con la OCDE se tiene que Costa Rica está 4 años por detrás; mientras que Panamá, Guatemala y El Salvador tienen 6 años de rezago respecto a la OCDE. Para enfrentar este rezago se necesita no sólo invertir recursos, pues los países OCDE en promedio invierten, 102 mil dólares por estudiante, 3 veces más que el promedio latinoamericano. Aunque por supuesto el dinero no lo es todo, Panamá gasta 60 mil dólares por estudiante y tiene los mismos resultados en Matemáticas que El Salvador que apenas invierte 15 mil dólares por estudiante. En contraste Vietnam tiene un desempeño similar a Noruega pero con un monto de inversión casi 10 veces menor.

No “sólo” es saber leer y sumar

Pero no es sólo pasar las pruebas, hay toda una serie de impactos más allá de lo que se pregunta. A los 15 años, los estudiantes están en una etapa crítica de desarrollo cognitivo y emocional. La educación de calidad a esta edad puede asegurar que adquieran habilidades fundamentales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la competencia digital, esenciales para el mundo moderno. Si queremos una región competitiva, necesitamos jóvenes capaces de entender los retos y oportunidades del mundo actual. Así, la educación de los jóvenes tiene un efecto directo en el desarrollo económico.

Una fuerza laboral bien educada es más capaz de adaptarse a las economías cambiantes y contribuir de manera significativa al crecimiento económico de la región. En ese sentido, la educación es una herramienta poderosa para reducir la pobreza y la desigualdad. Proporciona a los jóvenes las habilidades y el conocimiento necesarios para mejorar sus condiciones de vida y acceder a mejores oportunidades. Pero también la educación genera otros beneficios no monetarios como, impulsar entornos sociales estables y sanos, donde una educación efectiva a esta edad puede desempeñar un papel crucial en la prevención de la delincuencia, ofreciendo a los jóvenes alternativas y trayectorias de vida positivas. Esto en Centroamérica, donde los jóvenes se enfrentan a desafíos como la violencia y la delincuencia, es un impacto muy positivo en el progreso social de la región.

La tarea no la hemos hecho, y era para ayer

Mucho se analizará y escribirá sobre estos resultados; pero en pocas palabras, la tarea la sabemos pero no la hacemos. Mejorar estos resultados mediocres requieren un enfoque integral que aborde varios aspectos educativos que pueden ser evaluados y monitoreados. Esto incluye invertir en la formación y el desarrollo profesional de los docentes. Además, es crucial actualizar los currículos para enfocarlos más en el desarrollo de habilidades críticas y de resolución de problemas, así como en la alfabetización digital. También se debe trabajar para reducir las desigualdades educativas, producto de la desigualdad de ingresos. Esto por supuesto require de la colaboración entre el gobierno, el sector privado y las familias no sólo para facilitar la inversión necesaria y la implementación de reformas educativas efectivas; si no para que realmente se priorice a la educación con la urgencia de una emergencia regional que hoy nos destruye prosperidad presente y futura.